Se dice que a cada intención corresponde una tensión, o sea, que cuando uno piensa en un movimiento, lo ejecuta aunque sea de manera casi imperceptible. Tim Hemmes, quien está paralítico y es uno de los pioneros en la búsqueda de miembros artificiales controlados por el pensamiento, pone en práctica ese principio haciendo mover un brazo robot junto con su silla de ruedas a través del pensamiento.