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Paramilitares disidentes en pie de guerra


Una facción paramilitar de Colombia, que rompió las conversaciones de paz con el gobierno, anunció que seguirá combatiendo en respuesta al "clamor" de la población, que teme que la guerrilla regrese y desate un "baño de sangre" en el noroeste del país.
Sentado en una silla de madera y apoyando sus manos sobre una rústica mesa en un campamento en medio de la selva del noroeste de Colombia, José Alfredo Berrío, conocido como el comandante "Alemán", dijo que no hay condiciones para negociar con el gobierno mientras la guerrilla continúe al asecho.
"Las muestras que nos da la guerrilla no nos deja otra salida. Hay incapacidad del Estado para brindarle seguridad a las regiones, las cuales defendemos, no hay otra salida, hay que hacerlo por la vía de las armas", aseguró en una entrevista con Reuters el comandante del Bloque Elmer Cárdenas.
"Las comunidades aún requieren la presencia de las Autodefensas en las zonas en donde puede verse asediadas por la guerrilla. Vamos a estar ahí dándoles la pelea y no permitiéndoles que retomen los territorios", agregó Alemán, vestido con uniforme de camuflaje y armado con un fusil de asalto.
La posición del Bloque Elmer Cárdenas de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) supone un tropiezo en la intención del presidente Alvaro Uribe de concretar una negociación unificada con esos grupos ilegales, acusados de cometer las peores violaciones a los derechos humanos.
Una eventual negociación sin todos los bloques paramilitares podría provocar una atomización del proceso y llevarlo a su fracaso, sostienen analistas. El bloque disidente, que también rompió un cese al fuego decretado en diciembre pasado, representa una quinta parte de las AUC, la mayor organización paramilitar del país, que lidera Carlos Castaño y que cuenta con 10,000 combatientes.
Esas organizaciones son acusadas por grupos como Amnistía Internacional de contar con el apoyo de sectores de las Fuerzas Armadas y de financiarse con recursos de ganaderos, hacendados, comerciantes y narcotraficantes perseguidos por la guerrilla.
Alemán controla una amplia zona de los departamentos de Antioquia y Chocó, incluyendo la frontera con Panamá, una región que es considerada estratégica porque, de acuerdo con fuentes de seguridad, es usada para el tráfico de armas y de drogas por los paramilitares y por la guerrilla.
El disidente Bloque Elmer Cárdenás, con unos 2,000 combatientes, también tiene presencia en la región del Urabá, donde se concentran unas 31,000 hectáreas de plantaciones de banano de Colombia, las cuales generan miles de empleos y exportaciones anuales por más de 300 millones de dólares.
Los paramilitares asumieron el control de esa región luego de una sangrienta confrontación con las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que se prolongó por años y que dejó cientos de muertos, al término de la cual lograron expulsar a los rebeldes, sus enemigos acérrimos.
Aunque Uribe impulsa una estrategia para recuperar amplias zonas de este país de más de 40 millones de habitantes aumentando el gasto militar y el número de soldados y de policías, Alemán sostuvo que el gobierno aún no está en condiciones de garantizar la seguridad en toda la nación.
En medio del intenso calor de la selva y los ruidos de animales, Alemán dijo que el proceso de paz con las autodefensas está mal planteado porque el gobierno busca desarmar a esos grupos y acusarlos de narcotraficantes sin ofrecer nada concreto a cambio.
Aunque Alemán, un hombre de origen campesino de unos 35 años que antes trabajaba en el campo como recolector de productos agrícolas y luego como cobrador en un autobús de servicio interdepartamental, no seguirá en las conversaciones de paz, y deseó suerte a sus compañeros.
El encuentro con el comandante Alemán, quien dijo que respetará acuerdos entre otros grupos paramilitares y el gobierno, se produjo en un campamento de instrucción donde se entrenan jóvenes para combatir a la guerrilla.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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