Un grupo de jóvenes con sus cabezas semirrapadas, rostros pintados y vistiendo uniformes amarillos, recibe instrucción militar y entrena tácticas de guerra en la selva del noroeste de Colombia.
Son los futuros a combatientes de un bloque regional de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), la mayor organización paramilitar de ultraderecha que combate a la guerrilla izquierdista en el marco del conflicto interno colombiano, que dejó 40,000 muertos en la última década.
Pese a la crisis interna que atraviesan los paramilitares, que pretenden desligar sus actividades del narcotráfico en una aparente estrategia, según analistas, para facilitar en el futuro una posible negociación de paz con el gobierno, siguen preparándose para la guerra.
Líderes de estos escuadrones aseguran que el presidente Alvaro Uribe, quien fue acusado en su campaña electoral de tener nexos con los paramilitares, ordenará una inclemente persecución militar para quitarse ese rótulo, pese a que nunca estuvo vinculado con esas organizaciones ilegales. El instructor, quien lucía un uniforme de camuflaje, cubría su rostro con un pañuelo y portaba un fusil, dijo haber preparado a miles de combatientes.
Por otro lado, 12 diputados de la asamblea del departamento colombiano del Valle del Cauca, que desde abril pasado están secuestrados por las FARC, reclamaron un acuerdo humanitario entre el Gobierno y esa guerrilla para recuperar la libertad.
Los diputados hicieron la petición en un vídeo difundido el miércoles por la televisión colombiana, en el que durante 30 minutos reclamaron a las autoridades que se "acuerden" de ellos y les piden a sus esposas e hijos que resistan la situación.