Francia negó ayer, tras los nuevos incidentes en Costa de Marfil, cualquier intención de desestabilizar al régimen del presidente Laurent Gbagbo, al tiempo que busca en la ONU la imposición de sanciones que le obliguen a él y a los antiguos rebeldes a reanudar el proceso político.
Las autoridades francesas, con el presidente Jacques Chirac a la cabeza, se esforzaron en aclarar que no están detrás de ningún intento de golpe de Estado contra Gbagbo, como indicaron fuentes consideradas próximas al mandatario marfileño, que alentaron de este modo los disturbios.
Un llamamiento de la radio oficial a "defender las instituciones" lanzó a miles de seguidores del presidente -pertenecientes a un grupo radical conocido como los "Jóvenes Patriotas"- a las calles, donde intentaron romper el cordón establecido por los militares franceses en los alrededores de la residencia de Gbagbo.
Las soldados -según fuentes francesas- se vieron obligados a lanzar disparos de advertencia al aire para controlar a la multitud, que llevaba pancartas con lemas como "liberad nuestro país" o "si las cosas van mal, cada uno (se encargue de) su francés".
"No intentamos en absoluto derrocar al presidente Gbagbo", aseguró en la televisión marfileña el general Henri Poncet, comandante de la misión de interposición "Licorne", en medio del temor a que la situación se desboque.
El presidente de la Asamblea Nacional marfileña, Mamadu Kulibaly, muy crítico hasta ahora con París, abogó en la emisora gala "RMC" por una cooperación entre los Ejércitos de Francia y Costa de Marfil en las labores de evacuación de la población francesa, que "calmaría" la situación.
Según la Cruz Roja, más de 500 personas han resultado heridas en los incidentes registrados tras la muerte el sábado de nueve soldados franceses en un ataque aéreo de las fuerzas de Gbagbo, al que París respondió con la destrucción de los medios aéreos utilizados en la agresión y en otras violaciones del alto el fuego.
También Chirac, que visitará esta noche la capilla ardiente de los soldados muertos en el hospital militar parisino de Val de Grace, se había mostrado apaciguador, al asegurar por la mañana que "Francia es amiga de Costa de Marfil".
Después de que el Consejo de Seguridad condenase el ataque a los soldados franceses, París espera la aprobación, de una resolución que podría incluir un embargo de armas, la congelación de cuentas y la prohibición de viajar de las personas consideradas responsables del bloqueo del proceso de paz.
Los debates sobre el proyecto iniciados el domingo a nivel de expertos continuaron ayer. Las consultas aparecen en el orden día del Consejo para hoy.