Cualquier utensilio cortante o acabado en punta vale para las decenas de tailandeses que, en estado de trance, los utilizan para atravesarse las mejillas de la cara en un espectáculo destinado a rendir tributo a las deidades chinas.
En una atmósfera asfixiante por el olor a pólvora mezclado con el de la sangre que mana de las heridas y el que desprende la marea de gente que acude al Festival Vegetariano de Phuket, los penitentes se clavan cuchillos, sables, varillas de paraguas, y hasta se hacen boquetes en los carrillos por los que pasan los cañones de una escopeta de caza.
Los mayores y pequeños presencian el desfile de flagelantes que con los mofletes ensartados gritan y gruñen de dolor, pese a que ellos aseguran no sentir el tormento al estar bajo el efecto protector de Kiew Ong Tai, Kuan Zi Oim, y de otras deidades con seguidores entre la comunidad tailandesa de origen chino.