Miles de peregrinos cristianos venidos de todo el mundo siguieron hoy en Jerusalén las ceremonias de Jueves Santo, que conmemoran de la víspera de la crucifixión de Jesús con actos como el Lavatorio de los Pies y la Hora Santa en Getsemaní.
La jornada comenzó a primera hora de la mañana con una misa pontifical en la Basílica del Santo Sepulcro donde, según la tradición cristiana, Jesús fue crucificado y enterrado.
A mediodía, siguiendo una antigua tradición, las familias musulmanas que guardan desde hace generaciones la llave del Santo Sepulcro cerraron la puerta de la Basílica y, en un gesto simbólico, hicieron entrega de llave al vicario franciscano del convento de San Salvador.
El vicecustodio de Tierra Santa, el padre Artemio Vítores, trasladó de nuevo la llave al Santo Sepulcro encabezando una procesión de frailes por las estrechas callejuelas de la Vieja Jerusalén y la devolvió a los árabes que la custodian, que se subieron a una escalera para abrir de nuevo al público el acceso principal al Santo Sepulcro.
Más tarde, las diversas confesiones cristianas y peregrinos venidos de todos los continentes rememoraron con el Lavatorio de los Pies el momento en que Jesús lavó los pies a todos y cada uno de sus discípulos.
El patriarca griego ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III, lavó los pies a doce fieles cristianos en el Santo Sepulcro, mientras que el custodio de Tierra Santa, Fray Pierbattista Pizzaballa, hizo lo propio con doce niños en el Cenáculo, donde la tradición sitúa el lugar en que Jesús celebró la Última Cena.
"Ha sido una ceremonia preciosa y el custodio ha celebrado un servicio del que hemos salido todos emocionados", explicó a Efe el vicecustodio.
Según Vítores, en el acto celebrado en el Cenáculo "se recordaron tres momentos importantes: el mandamiento del amor -amaros unos a otros como yo os he amado-, el día del sacerdocio -haced esto en memoria de mí-, y la institución de la eucaristía".
Los actos de Jueves Santo continuaron a las cinco de la tarde (hora de Jerusalén), con una misa franciscana en San Salvador (dentro de la ciudadela amurallada y adyacente a la Puerta Nueva), a la que acudieron miembros de la comunidad cristiana local y peregrinos.