Operativo
- 4 navíos patrulla recorrerán la playa de Copacabana, de un extremo a otro, para revisar embarcaciones que estén en la proximidad del área donde Francisco celebrará la liturgia del viernes.
- 800 infantes de marina harán un patrullaje del control de tránsito a lo largo de las rutas que utilizarán los peregrinos para llegar a Copacabana.
Pronunciamiento
- El papa Francisco se pronunció en contra de la liberalización del consumo de drogas y aseguró que de esa manera no se conseguirá la reducción del número de dependientes.
- “La plaga del narcotráfico, que favorece la violencia y siembra dolor y muerte, requiere un acto de valor de toda la sociedad”, dijo el santo padre. Añadió que “no es la liberalización del consumo de drogas, como se está discutiendo en varias partes de América Latina, lo que podrá reducir la propagación y la influencia de la dependencia química'', dijo el pontífice durante una visita en un ala de atención a consumidores en un hospital de Río de Janeiro. Agregó que el problema debe ser atacado de raíz “promoviendo una mayor justicia, educando a los jóvenes en los valores que construyen la vida común ''.
El papa Francisco satisfizo las expectativas de los miles de fieles que acudieron bajo una insistente lluvia y un intenso frío a Aparecida, el mayor santuario brasileño, para ver al primer pontífice latinoamericano.
“Superó todas las expectativas. Fue mucho más de lo que esperaba”, dijo la brasileña Luisa Almeida Prates, una jubilada procedente del Estado de Minas Gerais que llegó a Aparecida para ver a Francisco en el principal destino de los peregrinos brasileños y el mayor templo del país.
“Pensé que nunca en mi vida vería a un papa, porque ya tengo 63 años, y, pese a la lluvia y al frío, y a que mi presión subió, me voy totalmente satisfecha”, dijo la también jubilada brasileña Ana Montijo, quien llegó al santuario a las 7:00 de la mañana hora local , casi cinco horas antes de que el papa saliera a la Plaza de los Apóstoles para bendecir a la multitud.
Cerca de 200,000 personas se congregaron en Aparecida, una ciudad en el interior del Estado de São Paulo de 35,000 habitantes.
Solo 15,000 personas, algunos de los cuales formaron largas filas desde la tarde del lunes, tuvieron el privilegio de asistir a la misa en el interior de la basílica, que tiene capacidad para 30,000 personas.
El resto, protegido por paraguas y capas de lluvia, tuvo que verla a través de las enormes pantallas de televisión instaladas en los estacionamientos.
Tras cuatro horas de espera bajo la lluvia, el pontífice apareció en un púlpito en la Plaza de los Apóstoles y los asistentes llegaron al delirio cuando Francisco anunció su regreso a Aparecida en 2017, cuando se cumplen 300 años de la aparición de la imagen de Nuestra Señora Aparecida, la patrona de Brasil.
El pontífice se disculpó por no hablar “brasileño”, pero dijo haberse dado cuenta de que todos lo entendían en español cuando pidió la bendición de la virgen negra de Aparecida para “toda la patria”.
Igual que en su llegada a Río de Janeiro, Francisco se dio un baño de masas en Aparecida, en donde los fieles lo elogiaron por su carisma, su sencillez y sus mensajes en favor de los pobres.
A diferencia de Río, en donde el pueblo pudo aproximarse a pocos centímetros del papamóvil, en Aparecida una valla metálica separaba a los fieles a unos tres metros de distancia.
La barrera no impidió que Francisco pidiera que parara el vehículo en dos ocasiones para besar en la cabeza y bendecir a niños.