Las cartas que Santa Claus recibió de miles de menores indocumentados que llegaron este año a EE.UU. están repletas de peticiones, pero no tanto de juguetes, sino de sueños de poder disfrutar de una blanca Navidad junto a su familia sin el miedo a ser deportados.
No le pedí muchos regalos a Santa, sino una muñeca de (la película) Frozen, pero lo que sí quiero es quedarme con mi mamá, abuela y mi familia en este país. Aquí no tengo miedo, puedo ir a la escuela y disfrutar de mis hermanos, contó Ligsdenis Ochoa, la primera niña centroamericana que llegó a Charlotte.
Por su parte, el guatemalteco Hugo Tecum, de 18 años, también anhela la oportunidad de quedarse en EE.UU. junto a sus tíos para seguir estudiando.