El terremoto con magnitud de 6.6 grados, ocurrido en Bam, Irán, a finales del mes pasado, ha traído a la atención del mundo dos visiones cruciales y perturbadoras: la angustiosa pobreza en algunas partes de Irán y el peligro potencial que representa la planta nuclear que se construye en la ciudad sureña de Bushehr, que se encuentra en la misma línea de la falla geológica que destruyó la ciudad de Bam.
En un tiempo, Irán fue uno de los más modernos países de la región. Hoy en día, el nivel de bienestar social e infraestructura en las áreas tanto urbanas como rurales, se compara a los Africa sub-sahariana. Según opinan funcionarios iraníes y expertos extranjeros, las principales causas del alto índice de muertes en el terremoto de Bam, se debieron a los deficientes diseños en las construcciones, al uso de materiales primitivos y a los muy ignorados los códigos de construcción.
La ciudad de Bam y la mayoría de sus pueblos y villas circundantes, carecían de la infraestructura mínima correspondiente a la vida urbana y rural del siglo veintiuno. Bam solamente contaba con un hospital con no más de 13 médicos para una población de 150,000 habitantes. Bahram Akasheh, un profesor de Geofísica de la Universidad de Terán, observó que el terremoto del mes pasado ocurrido cerca de Paso Robles, en California, tenía casi la misma magnitud (6.3) y profundidad que el temblor de Irán, pero causó sólo dos muertes, en comparación con las más de 40,000 muertes ocurridas en Bam, de acuerdo con el Gobierno iraní.
Vale hacer notar que Irán es un país que posee ricos recursos subterráneos y ha generado alrededor de 500 billones en exportaciones petroleras, durante los últimos 25 años. ¿Qué ocurrió con esos 500 millones? La mayor parte de los mismos fue gastada en exportar la ideología del difunto Ayatolá Komeini hacia los vecinos países musulmanes; y mucho de ello se gastó en la guerra sostenida con Irak durante ocho años. Una cantidad considerable también está siendo gastada en la adquisición de tecnología y conocimiento para armas de destrucción masiva, con el objeto de apoyar el terrorismo fundamentalista internacional, para inversiones personales de los mulás, y para el establecimiento de los más atroces órganos de represión, según declaran el Departamento de Estado de los Estados Unidos, las Naciones Unidas y numerosos periodistas internacionales.
Finalmente, parte de dichos fondos se han gastado en el financiamiento de una catástrofe potencial: una planta nuclear en la ciudad de Bushehr, que ha sido destruida por terremotos tres veces, en la historia reciente (1877, 1911 y 1962). Es fácil predecir que un terremoto podría destruir la planta y causar un daño irreparable al área, así como también a otros países del Golfo Pérsico. En un terremoto grave, se producirán calamidades inimaginables y un desastre en el medio ambiente. Además, se afectaría el comercio mundial del petróleo, con severos costos económicos. (Más de la mitad del crudo mundial viaja a través del Golfo Pérsico).
Funcionarios iraníes, así como la compañía alemana que designó la planta, sostienen que la planta nuclear de Bushehr esta construida para resistir un terremoto con una magnitud de 7.2 grados; sin embargo, no hay garantía de que un temblor de magnitud mayor no vaya a impactar la planta. Si ello sucediera, las consecuencia inmediatas y a largo plazo serían mayores y más trágicas que el desastre de la planta nuclear de Chernobyl ocurrido en 1986. Esta preocupación suscita dudas sobre la sinceridad del régimen iraní; aun cuando la comunidad mundial y la Agencia Atómica Internacional pudieran inspeccionar y controlar el desarrollo de armas de destrucción masiva, con el permiso de la dictadura religiosa que rige Irán, ¿qué sucedería con respecto a la posibilidad de una destrucción masiva derivada de una planta nuclear en ruinas?
Por el bien del pueblo de Irán, así como del mundo, ya es tiempo de que la comunidad internacional ejerza presión sobre Irán para que dé por terminado el proyecto de la planta nuclear de Bushehr.
Haydar Akbari es presidente de la Coalición Nacional de los Defensores Pro-Democracia (www.ncpda.com), la cual promueve la democracia, los derechos humanos y la justicia socio-económica en Irán.
La provincia portuaria de Bushehr se encuentra en el suroeste de Irán con una población de 57,700 habitantes.
Con una extensión de 27,653 kilómetros cuadrados, se subdivide en 7 distritos: Dsshti, Daylam, Kangan, Genaveh, Tangistán y Bushehr, que es la ciudad más importante de la provincia por ser el centro de las actividades.
La provincia iraní exporta lana, tapetes y algodón; además de poseer gigantescos yacimientos de gas que aun no han sido aprovechados.