Las democracias de Latinoamérica no podrán consolidarse definitivamente si no se combate la pobreza, la marginalidad y el hambre que padecen gran parte de su población, coincidieron ayer políticos y especialistas iberoamericanos.
“Aunque la demagogia y el populismo son peligrosos para los sistemas democráticos, creo que la mayor amenaza de nuestros pueblos son los enormes y crecientes contrastes sociales”, dijo ayer el ex presidente argentino, Raúl Alfonsín (1983-1989).
Alfonsín, que participa en el curso de verano “Iberoamérica: la democracia amenazada” impartido por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) en San Lorenzo de El Escorial, consideró además que es necesaria la “inclusión social de los marginados para lograr su verdadera participación democrática”.
Para el ex presidente argentino, la solución a la pobreza no debe buscarse en “el populismo que es puro asistencialismo y que no ataca las verdaderas estructuras que generan las desigualdades”.
Añade que “como castigo extrajudicial”, los disidentes cumplen sus condenas “en prisiones situadas a centenares de kilómetros de sus domicilios”, ensañándose con familiares inocentes que deben hacer largos trayectos en sus visitas, “en un país donde el transporte público está virtualmente colapsado”.
“Luego de más de 100 días de confinamiento la salud de todos ellos se ha quebrantado sensiblemente”, alerta el informe, elaborado con testimonios de familiares y cartas de los detenidos sacadas en forma clandestina de las prisiones.
Denuncia además que se ha orquestado “una campaña de intimidación y terror” contra periodistas independientes, activistas y familiares de los detenidos, para obligarles a cesar su prédica anticastrista.
Dentro de “esa política de intimidación” se encuadra el fusilamiento en abril de tres secuestradores de una lancha de pasajeros que intentaban emigrar ilegalmente.
“La causa primera del alto potencial emigratorio existente en Cuba tiene que ver con el estrepitoso fracaso del modelo totalitario de gobierno”, afirma la CCDHRN.
Por ello, exhorta a las autoridades cubanas a “iniciar el gradual desmontaje del ineficaz, represivo y ruinoso modelo totalitario” y reemplazarlo “por un Estado Democrático de Derecho basado en una economía social de mercado”.
Pero la disidencia ve el futuro inmediato con pesimismo y afirma que “a menos que ocurra un milagro, la situación general del país continuará empeorando en materia de derechos humanos y en todo lo relacionado con la economía nacional”.