Pese a que las condiciones de salud del Papa Juan Pablo II mejoran y a que el mundo deberá probablemente habituarse a un Pontífice con una traqueotomía permanente, un grupo de sus colaboradores más estrechos deberá tomar las riendas de los asuntos más importantes de la gestión de la Santa Sede.
La decadencia física del Papa, su creciente incapacidad para comunicar y las dos hospitalizaciones de febrero, han reforzado el papel de una serie de colaboradores, lo que agita a algunos sectores de la Iglesia Católica.
Las riendas de una de las entidades más antiguas de la historia vuelven a estar en manos de personalidades secretas, que intrigan en los pasillos del Vaticano y cuyos nombres no son conocidos por los profanos.
Según uno de los vaticanistas más veteranos, Sandro Magister, la alianza entre el secretario privado del Papa, monseñor Stanislav Dziwisz y el cardenal alemán Joseph Ratzinger, decano de los cardenales y guardián de la doctrina, suscita envidias y divisiones.
Según fuentes cercanas a la Santa Sede, la maquinaria de la Santa Sede puede seguir trabajando por más de seis meses con el Papa ausente gracias a su estructura.
Es por eso que el Vaticano sigue difundiendo en sus comunicados oficiales nuevos nombramientos de obispos, una prerogativa exclusiva del Pontífice, confirmando indirectamente que el "jefe" sigue al frente.