El primer ministro británico, Tony Blair, anunció ayer que una comisión parlamentaria investigará los informes elaborados por su gobierno sobre las supuestas armas de exterminio de Irak.
Por su parte, el Pentágono y el Departamento de Estado desmintieron en Washington haber manipulado información para justificar la guerra contra Irak.
Las investigaciones sobre la supuesta manipulación parecían representar un riesgo mayor para Blair que para el presidente de EU, George W. Bush, los dos principales responsables políticos de la invasión que derrocó a Sadam Hussein.
La decisión del Parlamento británico de iniciar una investigación seguía a iniciativas similares en el Congreso estadounidense, mientras aumentaba la desconfianza internacional ante la justificación oficial de la guerra.
Blair, acusado de haber presionado a los agentes británicos de inteligencia para que ofrecieran un informe más fuerte sobre los programas de armas de Irak, se comprometió a cooperar con el Comité de Inteligencia y Seguridad del Parlamento.
Mientras tanto, en Washington, un funcionario de alto rango del Pentágono, el subsecretario de Políticas de Defensa, Douglas Feith, desmintió en una conferencia de prensa “los rumores que están comenzando a adquirir proporción de leyenda”.
Por su parte, el Departamento de Defensa también negó que hubiera habido mala fe en los informes de los servicios de inteligencia estadounidenses.