Los moscovitas guardan duelo por las víctimas de los sangrientos atentados suicidas en el metro de la capital rusa, mientras la Policía extrema la seguridad y los políticos exigen restablecer la pena de muerte para los terroristas.
Con las banderas a media asta en la ciudad, a lo largo de la jornada miles de personas acudieron a las dos estaciones de metro dinamitadas, Lubyanka y Park Kultury, para depositar flores y velas en memoria de los muertos.
El metropolitano moscovita fue virtualmente tomado por la Policía y efectivos del Ministerio del Interior en previsión de posibles nuevos atentados y para infundir seguridad a los millones de viajeros.
El departamento de Sanidad de Moscú informó de que casi todos los cuerpos ya fueron identificados por familiares, por lo que se espera que hoy empiecen a recibir sepultura las primeras víctimas.
Según el Servicio Federal de Seguridad (FSB), la investigación indica que los atentados fueron organizados por grupos islamistas del Cáucaso Norte de Rusia y perpetrados por mujeres kamikaze, coloquialmente llamadas "viudas negras" por ser en su mayoría familiares de guerrilleros abatidos por los servicios secretos.
Agentes de seguridad revelaron al diario "Kommersant" que uno de esos extremistas, Saíd Buriatski, liquidado a primeros de marzo por el FSB en la república caucásica de Ingushetia, instruyó en Turquía y luego en el Cáucaso a 30 de esas "viudas negras", de las que nueve se habían inmolado antes de los ataques de Moscú.
La Catedral de Cristo Salvador, el templo mayor de la Iglesia Ortodoxa Rusa, fue desalojada en medio de una misa de difuntos por una amenaza de bomba que resultó falsa.
Mientras, la comisión de Justicia y Asuntos Legales del Senado ruso anunció que estudiará la imposición de la pena de muerte a los terroristas, para los que la legislación actual solo prevé como máxima pena la cadena perpetua.
La prensa acompañó sus reportajes sobre la tragedia del metro con amargos comentarios que constataron la impotencia de las fuerzas de seguridad y el fracaso de la política del Kremlin en el Cáucaso.
El presidente ruso, Dmitri Medvédev, exigió a su vez al Gobierno que cree unas condiciones de vida dignas en el Cáucaso, con el fin de sacarlo del atraso y ofrecer a la población una alternativa a las armas para que la guerrilla no pueda reclutar jóvenes a sus filas.