La explosión de un edificio en la ciudad de Rosario, que causó al menos 10 muertos y 11 desaparecidos, ha generado tal conmoción en Argentina que los partidos políticos decidieron suspender los cierres de campaña previstos para ayer con miras a las primarias del domingo, en las cuales serán elegidos los candidatos para las legislativas de octubre.
Algunos políticos de distintas tendencias sugirieron, asimismo, que se cancele el cacerolazo convocado por grupos de ciudadanos contrarios al Gobierno, ya que desde la víspera se cumplen 48 horas de duelo nacional por el siniestro ocurrido el martes en Rosario, situada a 300 kilómetros al norte de la capital argentina.
Pero los organizadores de la protesta mantuvieron en pie su decisión de llevarla a cabo en distintos puntos del país. Como en los últimos tres cacerolazos de septiembre y noviembre de 2012 y abril de 2013 -cuando se movilizaron cientos de miles de argentinos mayoritariamente de clase media y alta-, la protesta convocada a través de las redes sociales está dirigida contra la gestión de la presidenta Cristina Fernández.
Leonardo Bugallo, uno de los organizadores, afirmó a radio Rivadavia que “la marcha se hace porque no estamos en campaña, porque la marcha no es una fiesta y porque sí es una actitud ciudadana de reclamo. Lo que pasó en Rosario nos puso en duda... desde Rosario nos pidieron que no se levante, ya que allá van a ir al monumento a la bandera (el más importante y simbólico de la ciudad) con velas, con la consigna ‘basta de muertes evitables’”, dijo.
Sin embargo, algunos rosarinos que están de acuerdo con los reclamos que se expresan en los cacerolazos manifestaron su deseo de que se respete el dolor que vive la ciudad y se cancele la marcha.
La corrupción, la inseguridad, el desempleo, la inflación y el avasallamiento a las instituciones serán muy posiblemente las mayores preocupaciones que aparecerán en las pancartas de la marcha, que, según reconocieron distintos ciudadanos en Twitter, esta vez no lograría la adhesión de otros cacerolazos por el espíritu de duelo que reina en el país.