Tras las emergencias gubernativas de la basura y la inmigración, Italia empieza a sentir que un nuevo malestar se desboca, y emerge un fantasma más inquietante. Con el Gobierno guardando un silencio estruendoso, los medios, la oposición, las ONG y miles de ciudadanos coincidieron ayer en el diagnóstico: el país vive una "impresionante escalada de racismo".
"Estamos resbalando por la peligrosa pendiente de la incivilidad. La nueva emergencia se llama xenofobia", afirmó la vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Rossy Bindi, del Partido Demócrata.
Peligro.
Varios políticos italianos, entre ellos el presidente de la República, Giorgino Napolitano, advirtió ayer del peligro del racismo en el país, mientras miles de personas se manifestaban en Roma y Nápoles contra la xenofobia.
El Jefe del Estado aseguró que existe una "emergencia educativa" en relación con esos riesgos y fenómenos como el racismo, "que oscurecen los valores fundamentales".
Las palabras de Napolitano fueron refrendadas poco después por el presidente de la Cámara de los Diputados de Italia, Gianfranco Fini, que reconoció que en el país existe riesgo de racismo.
Fini, líder de la derechista Alianza Nacional, integrada en el Partido de la Libertad del primer ministro Silvio Berlusconi, coincidió también con Napolitano al afirmar que se trata de un problema educativo cuando dijo que "el racismo nace de la deficiencia, de la ignorancia y del miedo frente al otro".
El presidente de la Cámara de Diputados dijo, sin embargo, que "es necesaria una política clara contra la inmigración", porque a su juicio, "no se pueden abrir las puertas a todos por un mal entendido sentido de solidaridad".