Los científicos trabajan en un mecanismo olfativo para la detección de enfermedades, entre ellas el cáncer y el parkinson, y se basa en la premisa de que el "patrón aromático" que desprende una persona enferma es distinto al de una sana.
"Al respirar, la persona desprende unas -llamémoslas- partículas químicas, y en un futuro no muy lejano los médicos podrán detectar si está o no enferma de acuerdo a su tipo", asegura Kanfer al comparar el proceso de detección con el de una prueba de alcoholemia en carretera, salvando las grandes diferencias científicas.
La aplicación policial de esta técnica servirá para recoger "huellas aromáticas" en la escena de un crimen, para después compararlas con las de posibles sospechosos.