ESTUDIOS científicos han demostrado que las prácticas incorrectas de acercamiento a los cetáceos modifican negativamente su comportamiento, al punto que se vuelven agresivos y se alejan del área que han escogido para sus actividades, lo que afecta negativamente la oferta turística de un sitio determinado.
En Panamá se pueden observar, con suerte, hasta 30 especies de cetáceos entre ballenas y delfines. Sin embargo, son más frecuente las ballenas jorobadas y algunas veces las orcas y pilotos. También pasan por nuestras aguas la ballena Bryde o tropical, de la cual se encontró una especie muerta en el 2006, que posiblemente fue golpeada por un barco, según informes científicos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales .
Se pueden ver cetáceos, particularmente delfines, tanto en el Caribe (Bocas del Toro, San Blas y Portobelo, en Colón) como en todo el Pacífico. En el Pacífico, en aguas someras, es más común observar las jorobadas en el archipiélago de Las Perlas y en el Golfo de Chiriquí, y en áreas cercanas a tierra firma como la bahía de Panamá, Bahía Piña, entre otras.
La Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá emitió una resolución en la que norma el avistamiento de cetáceos en aguas panameñas, ya que en las últimas décadas la interacción de los humanos con los cetáceos ha crecido, creando incluso nuevas formas de explotación comercial intensiva y extensiva, lo que ha inducido la perturbación de estas especies marinas y su entorno, que por falta de regulación, en cuanto al tratamiento adecuado de las especies, incrementa el riesgo de daños físicos a ellos y a los seres humanos.
La medida no solo se adoptó por el incremento del avistamiento, sino por la falta de capacitación y recursos para el desarrollo de la actividad, condiciones que pueden incidir negativamente en el futuro de esta actividad y de las especies involucradas. Es positiva para los investigadores por lo que se debe dar a conocer a todos los turistas y guías que quisieran avistar ballenas dentro de Panamá.
Panamá América pudo conocer que el reglamento de avistamiento se logró por un trabajo en equipo de todos los comisionados de la Comisión del Corredor Marino. Fue aprobado unánimemente en marzo de 2006 y publicado en Gaceta Oficial este año, con el fin de conservar los mamíferos marinos.
La reglamentación es un primer paso para cumplir con el mandato de la Ley 13, que nos indica que hay que conservar los mamíferos y manejarlos con sabiduría.
Según especialistas en la materia, ahora se debe educar y entrenar a los guías y operarios turísticos que desean incorporarse a la industria del avistamiento, y esperar que sean respetuosos y ordenados.
Para los científicos, el peligro de los cetáceos es relativo y depende de dónde estén en el momento, sin embargo, son amenazados más por la conducta desordenada del humano y la falta de leyes efectivas.
No obstante, el biólogo marino Héctor Guzmán, miembro del Comité del Corredor Marino y científico del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, señaló que se está observando la recuperación de ciertas especies que fueron cazadas ampliamente en el pasado, incluyendo las ballenas jorobadas hace un siglo o más.
Hay muy pocos estudios sobre estas especies, por lo que hasta el momento en Panamá no se ha notado disminución. El Smithsonian comenzó en el 2003 a estudiar la ballena jorobada, explicó Guzmán.
De acuerdo con Guzmán, la primera impresión del equipo de investigadores es que aunque las poblaciones de cetáceos fluctúan entre años, estas va en aumento, en particular las crías, pero hay factores que influyen en su disminución como la contaminación de las aguas, las redes de pesca y el tráfico marítimo.
Preparados para el avistamiento de cetáceos
En Panamá se pueden observar, con suerte, hasta 30 especies de cetáceos entre ballenas y delfines.