Daniel Ortega, no "manda" en Nicaragua, y el país está en manos de la primera Dama, Rosario Murillo, aseguró el sacerdote y poeta trapense Ernesto Cardenal.
Prueba de ello, según Cardenal, es que por recomendación de la Primera Dama, el Mandatario rehusó entrevistarse con miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
La negativa de Ortega, fue considerada como un "desaire", por parte de los miembros de la SIP, a la que le interesaba escuchar los puntos de vista del Presidente nicaragüense y comunicarle así mismo sus inquietudes en materia de libertad de prensa.
Cardenal explicó que el presidente Daniel Ortega, padece una "enfermedad sanguínea" que no le permite exponerse al sol y por eso gestiona de noche.
"Él (Ortega) tiene una enfermedad sanguínea en su corazón que sólo le permite tener una hora de sol al día.
En el encuentro, los delegados de la SIP se interesaron por la condena en agosto pasado contra Cardenal, acusado de injuriar a un empresario alemán, por la que la Justicia ha congelado sus cuentas bancarias.
Cardenal criticó por igual a Ortega y a la primera dama Rosario Murillo, que coordina los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), considerados por la oposición como la reedición de los Comités de Defensa Sandinista (CDS), que durante los años 80 fueron los "ojos y oídos de la revolución".
Ella es "la que realmente manda en el país", dijo.
Murillo es además la coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía y Consejo Nacional de Planificación Económica y Social (Conpes), un órgano de consulta de políticas públicas de rango constitucional, y ejerce el 50% del poder en Nicaragua, delegado por Ortega.
Es también quien dirige la política de información, diseña la publicidad estatal y la agenda oficial de todas las instituciones públicas.
Cardenal, que achaca a Murillo la condena que le dictaron el año pasado, dijo que la Primera Dama "no es estadista, ni política, es loca nada más, y mala".
Ni Ortega ni Murillo tienen "la costumbre de corregir sus errores" y, además, "hay una demencia" en ambos".
"Ninguno de los dos está en su sano juicio", enfatizó el también dos veces nominado al Premio Nobel de Literatura (2005 y 2007).