Roberto Micheletti no aseguró su participación en el diálogo con Manuel Zelaya, en Costa Rica.
Esta situación podría poner en peligro todos los esfuerzos realizados, para que vuelva el orden constitucional a Honduras.
El Presidente interino no confirmó si formará parte de la comisión que llega hoy a tierra costarricense.
“Tengan ustedes la seguridad de que Honduras va a participar en ese diálogo que tenemos establecido con las anteriores autoridades de este país”, aseguró el mandatario.
Lo cierto es que el Presidente derrocado enfrentará hoy a los golpistas.
Ambos grupos mantienen posiciones encontradas sobre las soluciones que se requieren para que al territorio hondureño vuelva la paz.
Pero independientemen te de cómo se muestre el panorama, lo cierto es que el hecho de que se escogiera finalmente un mediador para resolver la ruptura constitucional, es reconocer que la única forma de salir de la crisis es mediante una negociación política.
Kevin Casas-Zamora, analista principal del centro de investigación Brookings en Washington, en un análisis para BBC Mundo, precisó que “ambas partes tienen que comprometerse a hacer de una situación mala algo que sea lo menos dañino posible”.
Ejecutivo sin poder.
Aun así, para resolver la crisis se tendrían que cumplir una serie de elementos imprescindibles.
En primer lugar, lo más crucial, lo que demanda toda la comunidad internacional es que Zelaya regrese a la Presidencia.
El problema es que el depuesto mandatario se quedó sin apoyo de las élites políticas, no tiene partido, está enfrentado al Congreso y a la Corte.
Esto crea un dilema de gobernabilidad que solo se podría superar si Zelaya abandona sus pretensiones de modificar la Constitución y que se cree un mecanismo que permita al Ejecutivo y a los legisladores tomar decisiones de manera colegiada.
“En otras palabras", explica Casas-Zamora, “Zelaya regresaría a la Presidencia, mas no al poder”.
Otro elemento importante sería otorgar una amnistía, casi general, a aquellos que actuaron ilegalmente con “absoluto desprecio” por el estado de derecho, entre los que se incluyen el propio Zelaya, el presidente designado por el Congreso, Roberto Micheletti, y los oficiales militares que apoyaron el golpe.
El investigador del Instituto Brookins cree que son metas posibles, ya que Zelaya ya renunció públicamente a los cambios constitucionales y la Corte ha aceptado el principio de la amnistía.
El mecanismo para compartir el poder sería más complicado, pero las partes deben reconocer que ese acuerdo es el único políticamente posible, comenta Casas-Zamora.
A primera vista, la mayoría de las concesiones las debe hacer el depuesto Presidente, pero lo más difícil, según el analista, será convencer a Micheletti a que abandone el poder.
“No va a ser fácil que Micheletti descuelgue los cuadros de la oficina y se vaya para la casa”, dice Casas-Zamora.
“La opción es el statu quo, que el gobierno transitorio se quede en el poder hasta enero del 2010 y que la situación de facto se consolide.
Eso tendrá sus costos para Honduras, pero tengo la impresión de que Micheletti está contando con eso”.
Las elecciones presidenciales están programadas para enero del año entrante.
Ese factor del tiempo está a favor de una salida negociada, sostiene Casas-Zamora. “Solo tienen que aguantar cuatro, cinco meses”.
No obstante, salga quien salga electo, la polarización de la sociedad hondureña continuará y el país todavía tendrá que recuperar su estado frente a la comunidad internacional.