El Gobierno de Honduras autorizó hoy la reapertura inmediata del aeropuerto Toncontín de Tegucigalpa para los aviones de gran capacidad, 37 días después del accidente de un aparato Airbus 320 de Taca que causó cinco muertos.
El presidente hondureño, Manuel Zelaya, quien ordenó el cierre parcial de Toncontín inmediatamente después del accidente, firmó el acuerdo de reapertura con representantes de los organismos cúpula de los empresarios, que junto a otros sectores demandaban dicha medida.
El acuerdo establece que Toncontín "abrirá sus puertas a partir de este momento", pero ejecutivos de las aerolíneas internacionales que operan en Honduras aclararon a la prensa que sus servicios se normalizarán dentro de unos cinco días.
Los vuelos internacionales en aviones de gran capacidad operarán bajo diversas restricciones, relacionadas con la cantidad de pasajeros, el peso y las condiciones de aterrizaje, entre otras, según el documento.
El acuerdo mantiene la decisión del presidente Zelaya de trasladar en el futuro los vuelos internacionales de Toncontín a la base militar hondureña de Palmerola, unos 75 kilómetros al norte de Tegucigalpa, construida por EE.UU. en los años 80 del siglo pasado.
Palmerola comenzará a recibir vuelos internacionales una vez que esté acondicionada su terminal y construida una autopista que la enlace con Tegucigalpa, y así Toncontín quedará para el tráfico local en aviones pequeños.
Zelaya ordenó el cierre de Toncontín a los aviones de gran capacidad con una medida de seguridad, para evitar más tragedias, dados los altos riesgos de su ubicación y del tamaño de la pista, según argumentó.
Esa decisión de Zelaya desató una fuerte oposición de autoridades y empresarios de Tegucigalpa, así como de numerosos hondureños cuya economía depende de las operaciones de Toncontín, y que se organizaron en un comité para exigir la reapertura del aeropuerto.
El gobernante cedió en una reunión con dirigentes empresariales el viernes, el mismo día que la prensa local divulgó el informe de la "caja negra" del avión de Taca, que estableció que en el accidente hubo un error humano y, por tanto, eximió de culpa al aeropuerto.
También el viernes, la empresa Aeropuertos de Honduras, concesionaria de los cuatro aeropuertos hondureños, anunció al Gobierno que no construirá las obras de acondicionamiento de Palmerola, por varias razones, según el ministro de Defensa, Arístides Mejía.
El Gobierno podría revisar el contrato con la concesionaria, e incluso sancionarla, o buscar otra empresa para que haga las obras, adelantó Mejía.
El 30 de mayo pasado, cuando sobre Tegucigalpa había una baja nubosidad, el Airbus 320 de la aerolínea salvadoreña Taca se salió de la pista de Toncontín tras aterrizar y cayó por una hondonada a una calle.
En el accidente murieron cinco personas y casi un centenar resultaron heridas.
Los fallecidos fueron el piloto, el salvadoreño César Dantony; el presidente del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), Harry Brautigam; una pasajera brasileña, y dos hondureños que viajaban en un automóvil que fue aplastado por el avión al caer en la calle.
Según el informe de la "caja negra", ante las malas condiciones meteorológicas la torre de control instruyó al piloto para que aterrizara por la pista de norte a sur, porque había "visibilidad reducida a dos kilómetros" y nubes a menos de 300 metros de altura.
Pero el piloto, que intentó aterrizar en dos ocasiones, decidió hacerlo por la pista de sur a norte, según la grabación.