El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, inicia esta semana en medio de una agitada polémica desatada por el mal uso de las tarjetas de crédito institucional del Gobierno y una intensa agenda de compromisos internacionales.
Hoy, hay una movilización en Sao Paulo de trabajadores de las centrales obreras que piden una reducción de la carga laboral semanal de 44 a 40 horas, la base aliada deberá enfrentar la arremetida de la oposición que pretende crear una comisión de investigación en el Congreso por el asunto de las tarjetas.
Los aliados aceptan la investigación, pero piden que ella se extienda al Gobierno anterior de Fernando Henrique Cardoso y al estado de Sao Paulo, el más rico del país y gobernado por el opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).
Los llamados "gastos reservados" de Lula con ese mecanismo en ítems de seguridad, que por su fin no pueden ser detallados en un portal de seguimiento y observación de la contraloría, casi que se duplicaron en los últimos cuatro años, al alcanzar 21 millones de dólares en 2007, según una información del diario O Estado.