El presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, advirtió que las Fuerzas Armadas impedirán una eventual guerra civil y ratificó que no dimitirá.
En la tercera semana de conflicto, que ha provocado seis muertos de bala y decenas de heridos, los campesinos mantienen parcialmente cortadas las rutas del altiplano y valles subtropicales a pesar del fuerte dispositivo militar y policial, mientras en las ciudades de La Paz y El Alto arrecian las manifestaciones.
Los sindicatos, que también urgen la dimisión de Sánchez de Lozada y atención a sus demandas sectoriales, amenazaron con propiciar un desenlace civil armado.
La Central Obrera (COB) ratificó el recrudecimiento del conflicto, mientras el jefe aymara, Felipe Quispe, líder de un poderoso sindicato campesino andino.