El presidente ruso, Vladimir Putin, visitó ayer Chechenia, por primera vez en tres años, para dejar patente que Moscú mantiene las riendas en la república del Cáucaso, después del asesinato el domingo del presidente checheno Ahmad Kadyrov que asestó un duro golpe a la política de "normalización" del Kremlin.
La visita sorpresa de Putin coincide con un momento delicado ya que, desde que el atentado del domingo en Grozny decapitó el poder local pro-ruso, se teme un aumento de la violencia en Chechenia.
De regreso al Kremlin, el presidente Putin anunció el envío inminente de "un grupo de representantes de los ministerios y agencias rusas" de Moscú, con la misión de "examinar todos los temas de ayuda a Chechenia", durante el consejo de ministros.
En un gesto simbólico, Putin entregó en Grozny a uno de los hijos de Kadyrov, Ramzan, la Orden del héroe otorgada a título póstumo a su padre.