El presidente taiwanés, Chen Shui-bian, afirmó que no dimitirá por los escándalos de corrupción ligados a sus colaboradores y familiares, y pidió que se separe la política de los procesos legales.
Chen hizo esta declaración durante una entrevista con Raymond Burghardt, funcionario estadounidense encargado de los lazos con Taiwán, que llegó a la isla el miércoles y tiene previsto entrevistarse con altos cargos y con los dirigentes de la oposición.
"En caso de que se inicie un proceso de destitución presidencial o de derrocamiento del Gobierno se debe seguir la Constitución", señaló Chen, que no está dispuesto a renunciar a su cargo en los dos años que le quedan de mandato.
El mandatario considera que se están politizando excesivamente las investigaciones y procesos judiciales sobre sus colaboradores y su yerno, implicado en un transacción millonaria ejecutada mediante información privilegiada, y pidió que "se castigue a los culpables, pero no que se condene a diestro y siniestro".
El principal dirigente opositor, Ma Ying-jeou, criticó la decisión presidencial de no dimitir y acusó al presidente de "no aceptar que ha perdido la confianza y el respeto del pueblo".