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Prevención y solidaridad para combatir el VIH/SIDA

El virus de VIH/SIDA ataca a cualquier persona, sin distingo de edad, sexo, religión o preferencia política.


FÁTIMA tenía 18 años cuando decidió casarse, era su primera vez y eso la llenaba de emoción, pero esa noche sería el inicio de una pesadilla.
Todo transcurrió sin ninguna novedad, hasta que descubrió que estaba embarazada. El control ginecológico sólo estableció que la criatura se encontraba en perfecto estado y el nacimiento así lo confirmó.
Sin embargo, seis meses más tarde una bomba cayó en su residencia, cuando su esposo se realizó una prueba de VIH/SIDA para optar por un trabajo, el resultado fue positivo.
Esa noticia solo fue la primera parte de una devastadora realidad: Fátima y su hijo también estaban infectados con el virus.
Por casi dos años no sufrieron ningún síntoma que da la enfermedad, pero a fines de 1998 el niño presentó fiebres y diarreas.
Acudieron al Hospital del Niño en donde el pequeño fue incluido en grupo de estudio con otros infantes a quienes una casa farmacéutica decidió suministrarles el tratamiento de forma gratuita.
Hace cuatro años mi esposo y yo recibimos el tratamiento en el Hospital Santo Tomás, también gracias a una casa farmacéutica y a un grupo que brinda apoyo a ese centro médico.
En estos ocho años no hemos tenido ningún síntoma de la enfermedad, mi esposo, mi hijo y yo tomamos los medicamentos diariamente.
Mi hijo es un buen estudiante, está creciendo y ahora no sé cómo decirle que tiene VIH/SIDA, siempre ha tomado sus medicinas pensando que es un tratamiento para mejorar sus defensas.
Ahora que está en la escuela y es un niño muy activo e inteligente es necesario que sepa de su condición y que la acepte, pero no sé cómo decirle.
He buscado asesoramiento psicológico para enfrentar la situación y cómo aceptará esta situación.
Esto ha sido un secreto que hemos manejado mis esposo y yo, ninguna de nuestras familias sabe por lo que pasamos, pero ahora mi hijo debe conocer su condición.
Algeris y Ramón dos historias diferentes, pero con un denominador común: son portadores del VIH/SIDA. Los tres han debido abandonar su residencia para buscar refugio en la Casa Hogar El Buen Samaritano de Juan Díaz, mientras que la primera aún puede trabajar.
Ramón, un joven de 32 años de edad, fue detectado con el VIH/SIDA seis años atrás cuando sufrió una severa diarrea y se le diagnosticó tuberculosis. Los médicos le informaron que era seropositivo y que debía entrar en tratamiento. Sin embargo, no tenía trabajo y su familia era muy humilde para sufragar los gastos.
La noticia la tomé con bastante calma, no me desesperé y pude recuperar un poco de peso, pero debía abandonar todas mis actividades, dejar de trabajar y mis estudios.
Algeris con 47 años de edad, tres hijos adultos, se contagió con VIH/SIDA por que su pareja era bisexual y al parecer era un tanto promiscuo. Ella se percató de esto cuando era muy tarde.
El primer síntoma de la enfermedad lo tuvo en su trabajo, cuando sufrió un desmayo y le detectaron que sus ganglios estaban inflamados. Estuve hospitalizada por más de 18 días, me diagnosticaron una tuberculosis y perdí mi trabajo.
Me quedé sin nada, me cortaron el agua, teléfono, energía eléctrica no tenía qué comer. Estaba desesperada, pensaba que moriría. Por ello acudir a El Buen Samaritano, en donde me hacen las pruebas y detectan cualquier situación anómala. Aún no estoy recibiendo la triple terapia, solo me han tratado la tuberculosis, de la que me encuentro bastante recuperada.
Si desea ayudar a esta personas puede llamar al 220-5818; 0545; 2663291 y preguntar por el padre Domingo Escobar.
Tal vez, la historia más sorprendente sea la de Wilfredo, quien tiene tiene 61 años y 10 de haber sido infectado, pero es el más jovial y conversador de todos.
Su vida ha sido dura, a la edad de cinco años de edad perdió a sus padres en un naufragio, cuando se dirigían de Costa Rica hacia Nicaragua, fue rescatado y criado por los indios Misquitos, que luego lograron traerlo a Puerto Armuelles, al cuidado de unos sacerdotes.
Allí aprendió a leer y a escribir, pero nunca asistió formalmente a la escuela por lo que no tiene ningún tipo de diploma. No obstante, le fascinaba el mar, por lo que se enrolaba en los barcos como marinero.
En ocasiones, lograba burlar la seguridad y abordaba como polizonte, así aprendió el oficio de marinero.
Viajé a las Filipinas, Colombia, Perú y un montón de países que ya no recuerdo y en todos ellos uno podía conseguir sexo fácilmente y cuando uno se contagiaba de una gonorrea u otra infección, se iba al médico se inyectaba, y eso era todo, pero con el VIH/SIDA todo ha sido diferente. Sin embargo, siempre he mantenido un buen ánimo y seguiré luchando.


El sacerdote Domingo Escobar, quien dirige la Casa Hogar. El Buen Samaritano que acoge a personas infectadas con el virus de VIH/SIDA, aseguró que la demanda ha crecido tanto que se requiere ampliar el local.
En el lugar residen 15 personas, 10 hombres y cinco damas, pero las peticiones de acogida se multiplican.
Dijo que el proyecto es ampliar la capacidad para cobijar a 50 personas y poder darles acceso a talleres de formación profesional.
Con el apoyo de la comunidad y algunas empresas se ha logrado que los pacientes reciban la triple terapia y alimentarse.

 


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211575
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América