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Primera dama reclama adopción de dos menores


La primera dama de Honduras, la española Aguas Ocaña, y su esposo, Ricardo Maduro, no están dispuestos a ceder en su lucha por adoptar a dos niños hondureños, cuyo padre se opone ahora a ese gesto.
Ocaña dijo que los niños Leidy Jackeline, de tres años, y Kevin, quien cumplirá dos en septiembre, "son míos, no me los pueden quitar porque no puedo vivir sin ellos".
Los pequeños llevan tres meses viviendo con la pareja presidencial de Honduras, después de que Ocaña les conociera en un orfanato de San Pedro Sula, en el norte de Honduras, y decidiera ayudarles bajo un programa de "padres solidarios".
La esposa del presidente hondureño expresó que en principio el padre de los menores, Bonifacio Castellanos, aceptó entregarlos en adopción, pero que tras su regreso de España, adonde ella viajó en junio pasado con los niños para que los conociera su familia y en busca de ayuda para programas sociales, ahora se opone.
Aguas Ocaña recordó que cuando conoció a los niños sufrían de desnutrición, mientras que ahora están recuperados, ya hablan y han comenzado a sentir y compartir el cariño que antes les faltaba.
Los dos niños, más otro hermano de cinco años, fueron remitidos al orfanato porque eran víctimas de violencia en su hogar, según los antecedentes del padre que tiene la primera dama de Honduras.
Antes de viajar a España, Ocaña dijo que solicitó la autorización de los padres de los pequeños, así como la del Instituto Hondureño de la Niñez y la Familia (INHFA).
"Les llevé los niños para despedirse y les dije que quiero quedarme con ellos para toda la vida, que se lo pensaran bien porque los queremos en adopción, pero cuando mi abogada fue a visitarles, el padre manifestó que ya no quiere la adopción", relató Ocaña.
La primera dama contrajo matrimonio con Maduro en octubre de 2002, pero como pareja no pueden adoptar hijos hasta que lleven casados tres años.
Para abreviar el trámite, Ocaña quiere hacerlo primero ella, a título personal, y que luego lo haga su esposo.
El padre de los pequeños "ahora dice que no tiene claro todo y que no quiere el cambio de apellidos de mis niños", contó la esposa de Maduro, quien dice que Ocaña le ha sorprendido con su "profundo amor que le tiene a los niños en general".
Bonifacio Castellanos y su esposa, María, viven en La Cuchilla de Ceguaca, una pequeña y pobre comunidad del occidental departamento de Santa Bárbara, a la que Ocaña aporta asistencia social para sus pobladores, y dice que lo seguirá haciendo "al margen de lo que ocurra con mis niños".
"Yo solo quiero proteger a los niños, por eso lucho por quedarme con ellos; toda la comunidad le dice a Bonifacio que me los entregue en adopción, pero ahora él no quiere", afirmó Ocaña.
Remarcó que no quiere los niños bajo presiones y que tampoco pagaría por obtener la adopción, pero que está dispuesta a comprar una casa para los padres de los pequeños y seguir ayudándoles a mejorar sus condiciones de vida y las de sus otros tres hijos, de cinco, seis y nueve años.
Además, si se logra la adopción, los padres podrán ver a los chicos con alguna frecuencia, según lo que tiene previsto Ocaña, quien ya los inscribió en un jardín de infancia.
"No puedo vivir sin ellos, estoy feliz con ellos por toda la estabilidad que ahora disfrutan, es una relación muy bonita, mi familia también los quiere como hijos míos, voy a luchar para que nadie me los quite porque una madre siempre protege a sus hijos y los defiende", remarcó Ocaña.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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