La huelga de hambre que se vive en las cárceles californianas entró en una fase crítica para la salud de los presos cuando se cumplen 49 días de una protesta que reclama mejoras sustanciales en las condiciones del régimen de aislamiento.
Los equipos médicos que atienden a la comunidad carcelaria en este Estado reconocen su inquietud por el deterioro físico que están sufriendo los reos que desde el pasado 8 de julio se niegan a comer, 42 en total. Una cifra a la que se suman otros 21 que llevan menos tiempo rehusando alimentos, según los últimos datos publicados.
“Nos preocupa que los presos puedan entrar en paro cardiaco. Esto puede ocurrir repentinamente, sin que haya una señal de alerta”, dijo la portavoz de los Servicios Sanitarios de los Correccionales de California, Joyce Hayhoe.
Por el momento, la pérdida de peso, la debilidad física y la deshidratación son los síntomas más presentes en los huelguistas que sí toman agua y bebidas isotónicas y cuyo pulso con las autoridades penitenciarias no parece estar cerca de concluir.
Si el gobernador Jerry Brown o el Departamento de Prisiones y Rehabilitación de California (CDCR) no se sientan a negociar sus demandas, “ellos están comprometidos a continuar”, explicó Isaac Ontiveros, representante de la coalición Solidaridad con los Presos en Huelga de Hambre, creada para hacer público el mensaje de los reclusos y sus familias.