Por un lado, se produjo el primer desacuerdo en materia medio ambiental cuando Estados Unidos adelantó que no aceptará el plan de Alemania para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Por otro lado, está latente la tensión generada entre Rusia y Estados Unidos por el cruce de declaraciones de sus dos mandatarios, en lo que se llegó a denominar como el inicio de una nueva "Guerra Fría".
Y así como dentro de la cumbre los ánimos están cargados, en las afueras se vive un clima álgido por la presencia de miles de manifestantes antiglobalización que han tenido varios choques con la policía.
Un alto funcionario del gobierno estadounidense dijo que el G8 no debe dictar las políticas de sus miembros, en referencia a la iniciativa de la canciller alemana, Ángela Merkel, para que los países industrializados se comprometan a recortar sus emisiones de gases invernadero.
La canciller Merkel quiere persuadir a los miembros del G8 para que reduzcan sus emisiones de CO2 en un 50% para el año 2050.
El presidente ruso, Vladimir Putin, desea absoluta claridad durante la conversación que mantendrá con su colega norteamericano, George Bush, sobre el polémico escudo antimisiles que Estados Unidos planea hacer extensivo a algunos países de Europa del Este.
"Hablaremos abierta y directamente y esperamos oír sus argumentos", comentó el asesor de Exteriores de Putin, Sergei Prichodko, con motivo del inicio de la cumbre del G8 en el balneario alemán de Heiligendamm.
Señaló que "el tema es difícil e importante".
El presidente Bush, y su par ruso, Vladimir Putin, han intercambiado amenazas veladas y acusaciones desde hace varios días en torno a la propuesta estadounidense de construir un escudo antimisiles en Europa del Este y a la supuesta falta de democracia en Rusia.
El presidente estadounidense insiste que el sistema de defensa militar es una "medida puramente defensiva que no apunta a Rusia, sino a las verdaderas amenazas", refiriéndose a países como Irán o Corea del Norte.