Los rebeldes prorrusos permitieron el acceso a expertos internacionales y periodistas, aunque con limitaciones, al campo de la muerte donde aún yace la mayoría de los cadáveres del avión malasio que se estrelló en el este de Ucrania con casi 300 personas a bordo.
No fotografíen las caras. Quedan avisados. Al que vea enfocando los rostros le rompo la cámara, advierte el comandante insurgente que garantiza la seguridad en la zona de nombre en clave Ugriumi.
Tras superar una decena de puestos de control rebeldes, se llega al inmenso campo de hierba situado en las inmediaciones de la aldea de Grabovo (región de Donetsk) y que es cruzado por una estrecha carretera de asfalto.
El panorama es infernal, ya que 40 horas después de la tragedia en uno de los descampados carbonizados por el impacto del avión en llamas aún yace una veintena de cuerpos desnudos, cubiertos por hollín, en posturas imposibles y con unas muecas de indescriptible dolor en los rostros.
Mientras, justo al otro lado de la carretera se encuentra parte del fuselaje y uno de los alerones del aparato, en los que se distingue el símbolo de Malaysian Airlines, la fatídica compañía que ya perdió en marzo otro avión en la costa china con 239 personas a bordo.
Los socorristas del Ministerio para Situaciones de Emergencia se afanan en recoger a todos los cuerpos sin vida, que son trasladados en camilla a los bordes de la carretera, donde se amontonaban más de medio centenar de sacos, como pudo constatar Efe.
Cuando encuentran un cadáver o una parte del cuerpo de uno de los pasajeros, marcan el punto con una bandera blanca, por lo que el campo está virtualmente salpicado por banderines.
Ya hemos encontrado 200 cuerpos, sin contar los mutilados, aseguró uno de los miembros de los equipos de rescate, que cuentan con la ayuda de una treintena de mineros de la cuenca hullera local.
Restos del avión
Carretera abajo se encuentra la zona cero del accidente, una superficie calcinada de 3,000 metros cuadrados donde figura una de las hélices y el motor del aparato.
A escasos 50 metros de ese lugar se encuentra la casa de Alexandr, un campesino que presenció el accidente, ya que parte del fuselaje del Boeing cayó sobre su tejado, y la onda expansiva estuvo a punto de acabar con su vida y la de su esposa.
De poco valió que el jefe de la misión, Alex Hug, advirtiera a Ugriumi que se quejaría personalmente sobre las trabas ante Alexandr Borodái, primer ministro de la autoproclamada república popular de Donetsk.
Hug intentó convencer en vano a los milicianos que tenía autorización para actuar en total libertad, sin embargo, el comandante insurgente armado con una metralleta y una caja repleta de munición se mantuvo en sus trece con la excusa de no obstruir las labores de rescate.
Tras casi media hora de discusión, los expertos de la OSCE, entre los que figuraba el monitor español José Luis Martínez, se resignaron a seguir la ruta marcada por los milicianos, que niegan haber derribado el aparato malasio, como apunta Estados Unidos.
Recolectan muestras de ADN para identificar a las víctimas de avión
Expertos forenses comenzaron a recopilar en Holanda, muestras de ADN y otros materiales entre los familiares de los que murieron en el derribo del avión de Malaysia Airlines sobre Ucrania, a fin de tratar de identificar positivamente los restos.
Malaysia Airlines informó que 192 de los 298 pasajeros y tripulantes muertos en la tragedia del jueves eran holandeses.
La policía dijo en Twitter que 40 parejas de detectives de la Dirección Nacional de Investigaciones Forenses visitarán en los próximos días a los familiares de las víctimas en Holanda.
Su objetivo es desarrollar una base de datos de material, incluyendo ADN y fotografías de rasgos distintivos, como cicatrices y tatuajes, que se puedan usar para identificar los cadáveres y restos humanos recuperados del lugar del desastre, en el este de Ucrania.
Los periódicos holandeses publicaron decenas de páginas el sábado con fotos y artículos sobre los muertos.