El presidente de Rusia, Vladimir Putin, declaró ayer la guerra a la corrupción y a la burocracia como las "metas más ambiciosas" para el progreso de un país en el que "40 millones de nuestros compatriotas todavía sufren la pobreza". "Planteo la tarea de una rigurosa lucha contra la extorsión, la arbitrariedad administrativa y la corrupción", dijo Putin ante los 628 miembros de las dos cámaras del Parlamento.
En su tercer mensaje sobre el estado de la nación desde que llegó al Kremlin el 31 de diciembre de 1999, Putin anunció la reducción de la máquina burocrática, responsable de que "no se haya aprovechado la estabilidad política y la coyuntura económica favorable".
"No me satisface lo alcanzado", porque en estos últimos años de crecimiento económico "lo único que hemos conseguido es no aumentar nuestro atraso respecto a otros países", afirmó. Putin subrayó que "los sobornos son directamente proporcionales a la burocracia y a la falta de libertad empresarial, y por eso hay que ir a la reforma administrativa, a la menor presencia del Estado".
El mensaje presidencial, de fuerte contenido económico y social, también abordó la guerra de Chechenia y la política exterior de una Rusia que "se está integrando en el mundo". "Para Rusia es importante buscar aliados y ser a su vez un aliado fiable", manifestó Putin al proclamar que "seguiremos cooperando con la UE" con la meta de "crear un espacio económico común".
Otro objetivo es "la estabilidad estratégica, y para eso mantenemos contactos permanentes con EU y trabajamos para cambiar la calidad de nuestras relaciones con la OTAN", dijo. Sobre Chechenia dio por terminada "la fase militar" del conflicto "gracias al valor" del Ejército y fijó como tarea ahora "la vuelta de Chechenia al espacio político-jurídico de Rusia".