El presidente ruso Vladimir Putin cruzó ayer el meridiano de su mandato con absoluto control del Kremlin y sin nadie que le haga sombra en su empeño por modernizar un país entre ilusionado, escéptico y cansado.
Todas estas sensaciones dejaron traslucir los ciudadanos en los sondeos de opinión al cumplirse dos años desde la elección de Putin por mayoría absoluta en la primera vuelta el 26 de marzo de 2000. Las encuestas, que le otorgaron entre el 61 y el 77 por ciento de popularidad, también revelaron que las esperanzas en un futuro mejor se han reducido, con un descenso paulatino de confianza en la solución de los problemas más graves de la población.
Si hace dos años el 82 por ciento de los rusos creía que Putin iba a poner orden en el país, en 2001 ya eran sólo el 73 por ciento, y ahora el 72, según datos de "Moskovski Komsomólets". También se han registrado bajones en las expectativas para salir de la crisis económica (del 73 al 64 por ciento), de elevar el nivel de vida (del 71 al 61 por ciento) y de acabar con la guerra de Chechenia (del 67 al 52 por ciento).
Las cifras indican que en estos dos años el impulso inicial de un presidente joven que prometió recuperar la "dignidad" de Rusia y el orgullo de los rusos se ha quedado a medio camino. Alexandr Projánov, director del periódico nacionalista "Zavtra", aseguró que Putin "ya aburre y la gente está cansada de él", aunque admitió que "ha manipulado brillantemente la conciencia social y ha creado todo un mundo de ilusiones" por ahora insatisfechas.
Pero la personalidad de Putin, quien pasó el día de ayer a orillas del lago Baikal en unas "minivacaciones de trabajo" que seguirán con otro retiro en el mar Negro, domina el panorama del país a un nivel desconocido incluso en tiempos soviéticos.
Todo pasa por él, todos los miembros de su Gobierno esperan a ver qué dice para saber qué deben opinar y cualquier comentario suyo va a misa, como cuando se quejó del cambio de nombre de la policía de tráfico, que en 24 horas volvió a su anterior denominación. La agencia oficial Itar-Tass, en un despacho adulador que haría sonrojar al mismo Presidente, recurrió al tradicional paternalismo ruso y dijo que Putin es "el amo de la casa, que cuida y controla todos los detalles".
"El Presidente prácticamente no tiene días libres, trabaja casi todos los sábados y, como demuestran las estadísticas, un domingo de cada tres", afirmó. De acuerdo con esas estadísticas de Itar-Tass, Putin tuvo el año pasado 300 reuniones de trabajo en el Kremlin, 100 más en otros sitios y "varias docenas de viajes dentro y fuera del país".