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Reciben cuerpos sin vida de víctimas de accidente vial


Cuando los empleados del servicio forense abrieron un pequeño ataúd blanco, Guadalupe López encontró un rostro muy parecido al suyo. Tranquila y con los ojos secos, la mujer de 35 años reconoció la madrugada de ayer a la niña muerta: "Es mi hija", dijo.
La pequeña fue una de las 32 víctimas de un accidente carretero el martes, cuyos cuerpos fueron trasladados varios cientos de kilómetros de regreso a Chilpancingo, capital del sureño estado de Guerrero, de donde habían partido rumbo a la occidental ciudad de Guadalajara.
Los tripulantes de un autobús que se volcó en la pendiente de una autopista iban a Guadalajara para participar en una convención anual de la Iglesia de la Luz del Mundo, una agrupación cristiana a la que pertenecían.
Como Guadalupe, decenas de familiares, la mayoría humildes campesinos de la misma religión, reconocieron en calma los cuerpos de al menos una docena de niños, hombres y mujeres depositados en ataúdes.
Más tarde, unos 70 familiares y amigos se reunieron en torno a los ataúdes que ocupaban casi todo un patio del Servicio Médico Forense (Semefo) para una breve ceremonia religiosa.
"Iban ellos a tener un encuentro con Cristo pero Dios ha querido que lo tengan directamente con él", dijo el ministro José Moreno mientras unos pocos de los dolientes sollozaban ocasionalmente junto a los empleados forenses.
"No empezaremos a culpar a nadie porque nosotros sabemos que todo viene de Dios", agregó mientras una improvisada lona que cubría el patio amenazaba con ceder ante una persistente lluvia.
La mayor parte de los difuntos fueron velados durante la noche en un templo de Chilpancingo. El resto sería trasladado por las autoridades a sus pueblos de origen: Tlatlauquitepec y Tlapa, dos pequeños poblados indígenas de la sierra de Guerrero.


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101 años de Panamá América

 
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