Las mujeres del mundo conmemoran hoy 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer. Una jornada en el que se aúna la celebración por los logros conseguidos, pero que sirve para poner de manifiesto lo mucho que todavía queda por conseguir para eliminar la discriminación, a la que están sometidas miles de mujeres en el mundo.
En pleno siglo XXI instituciones, agentes sociales, asociaciones y las principales protagonistas, las mujeres, ponen de manifiesto que quedan aún muchos derechos por conseguir en el ámbito laboral y social para que se produzca una verdadera igualdad entre ambos sexos. Este año, la guerra, la violencia doméstica, las torturas y asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez (México), o las lapidaciones en Nigeria han mostrado al mundo la cara más siniestra a la que se enfrentan las mujeres.
No importa si hablamos de China o Argentina, de México o Italia, de España o Estados Unidos, de Rusia o Canadá en todos estos países sean del norte o del sur, del primer mundo o del tercero, la discriminación de la mujer en el trabajo sigue siendo una constante que no se ha podido erradicar con el paso del tiempo.
Desde 1975, Año Internacional de la Mujer, el 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, para conmemorar la lucha histórica para mejorar su vida.
Las denuncias que ponen en evidencia las circunstancias en las que viven millones de mujeres en el mundo se suceden. La Confederación Mundial del Trabajo (CMT) denuncia las políticas comerciales y financieras de índole neoliberal y bélico que se imponen en el mundo entero y el impacto que tienen sobre las mujeres.
Según Willy Thys, secretario general de la CMT, "lo que se puede afirmar con certeza, es que esas tendencias erosionan las capacidades de desarrollo de las mujeres como actores autónomos en la sociedad. Debido a las presiones de naturaleza compleja que esas políticas ejercen sobre el papel y las relaciones entre los sexos, las potencialidades de entablar relaciones de igualdad y reciprocidad con su familia y su sociedad se ven reducidas también".
Según las organizaciones sindicales, las mujeres cobran en algunos sectores un 20% menos que los varones, realizando el mismo trabajo; la tasa de paro femenina sigue siendo muy superior a la masculina; los contratos más precarios los ocupan mayoritariamente las mujeres; su ascenso y promoción profesional se reduce al 50% con respecto a las posibilidades que tienen los hombres, y el acceso y mantenimiento en el empleo sigue estando condicionado por la condición natural de madres: la maternidad, a menudo, es sancionada por los empresarios con despidos encubiertos.
Los agentes sociales ponen de manifiesto que siguen existiendo obstáculos que impiden el avance de la igualdad de trato y oportunidades, y denuncian la violencia sexista, y la escasa presencia femenina en los puestos de decisión política y social. Uno de los objetivos fijados por la Unión Europea, establecido en la cumbre de Lisboa, es conseguir una tasa de empleo femenina del 57%.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) afirma en un informe que ni siquiera en la enfermería y la pedagogía existe un equilibrio en las remuneraciones y los varones continúan ganando más, como ocurre en Singapur, donde los profesores y enfermeros obtienen un 6 y un 21% por encima que sus colegas mujeres que cumplen las mismas tareas que ellos. En actividades altamente especializadas como la contabilidad bancaria o la programación informática en el sector de los seguros, las mujeres profesionales perciben el 88% del salario de sus compañeros.
El informe cuantifica en 1,100 millones las mujeres que trabajan en el mundo, de los 2,800 millones de trabajadores. Según la OIT, esto significa que 200 millones de mujeres se han incorporado al mercado laboral en la última década. Sin embargo, el "explosivo crecimiento de la fuerza de trabajo femenina no ha estado acompañado de una verdadera mejora de la situación socio-económica de las mujeres, ni ha conducido a un pago similar por un trabajo igual".
En general, las que más dificultades tienen para conseguir un empleo son las mujeres jóvenes de entre 15 y 24 años. En América Latina y el Caribe, el desempleo entre las mujeres fue del 10.1% y el de los hombres el 6.7 %.
El estudio de la OIT señala que de los 550 millones de trabajadores más pobres del mundo -con un ingreso igual o inferior a un dólar diario- el 60% son mujeres.
La Organización No Gubernamental Manos Unidas, vinculada a la Conferencia Episcopal Española, ha denunciado la feminización de la pobreza en todo el mundo, con motivo de la celebración 8 de marzo. En su análisis subrayó que, según el Banco Mundial, aquellos países en los que se dan menores diferencias entre hombres y mujeres en campos como la educación, el empleo y los derechos de propiedad, experimentan un crecimiento económico más rápido y presentan tasas más bajas de malnutrición y mortalidad infantil.