El 28 de enero de 1986, siete miembros de la tripulación, incluida una maestra de New Hampshire, despegó a bordo del transbordador espacial Challenger desde el Centro Espacial Kennedy. Setenta y tres segundos después, el transbordador se desintegró ante la vista de millones de personas, que lo veían por televisión y en vivo. Todos los miembros de la tripulación, incluida la maestra Christa McAuliffe, murieron.
Los especialistas dijeron que la explosión del Challenger se debió a una fuga de gas en el cohete derecho. En la explosión, el módulo de la tripulación se separó intacto de la bola de fuego y cayó en picada durante dos minutos y medio desde una altura de 15.240 metros y cayó en el mar.
Los miembros de la tripulación no tenían paracaídas y no hubo forma de amortiguar la caída. Los miembros de la tripulación del Challenger eran, además de McAuliffe, el comandante Francis R. (Dick) Scobee, el piloto Michael J. Smith; los especialistas Judith A. Resnik, Ronald E. McNair y Ellison S. Onizuka; el especialista en carga Gregory B. Jarvis, empleado de Hughes Aircraft Corp.