Unas 4,000 personas, según los organizadores, 2,000, según la Policía, se manifestaron en París contra la reforma audiovisual del presidente Nicolas Sarkozy con pancartas en las que se podría leer: "Por un audiovisual público ambicioso y pluralista" o "Sarkolocura no, francofonía sí".
El cortejo próximo al palacio presidencial fue disuelto sin incidentes, pero sirvió de respaldo a la huelga convocada por la intersindical de los grupos públicos France Télévision y Radio France, de Radio France International (RFI) y de TV5 Monde.
Las medida es convocada en defensa del "servicio público" y contra los planes del presidente Nicolas Sarkozy de eliminar la publicidad y reformar las emisiones al exterior.
"Exigir la perennidad del servicio público audiovisual, de su financiación y de su perímetro, así como del respeto de su pluralismo", es la consigna que ha movilizado a los sindicatos.
Es la primera vez que los sindicatos de todos los medios públicos franceses se movilizan juntos por una misma causa desde que en 1974 se desmanteló por ley la Oficina de Radiodifusión Televisión Francesa, que reunía a todas las cadenas y radios públicas.
En el origen de la protesta, las declaraciones de Sarkozy, el pasado 8 de enero, que sorprendieron a sus propios ministros, sobre su intención de eliminar toda publicidad de los medios públicos y reformar las emisiones al exterior.
El jefe de Estado prometió equilibrar integralmente las cuentas, pero no avanzó en enero, ni tampoco hasta ahora, un plan concreto de acción, aunque sí algunas pistas como la de tasar a los operadores de telecomunicaciones y servidores de internet, las ventas de televisores, ordenadores personales y de teléfonos móviles.
Sarkozy adelantó, igualmente, un pequeño impuesto suplementario a las cadenas privadas, encabezadas por TF1, primer gran beneficiado de su idea de suprimir la publicidad en los medios públicos.
Planteada así, la vieja utopía de la izquierda francesa de liberarse de las obligaciones que conlleva la publicidad, preocupa.
En cualquier caso, los sindicatos dan todavía por resolver dónde piensa el Estado encontrar los alrededor de $1,700 millones que calculan costará sólo a France Télévision perder el 30% de sus ingresos y rellenar con programación propia.