El presidente sirio, Bachar al Asad, justificó la cruenta ofensiva militar lanzada para acallar las voces disidentes, el mismo día en que las tropas entraron en las ciudades de Deir el Zur y Haula, causando cerca de cincuenta muertos.
Al Asad aseguró que es un “deber del Estado” proteger la seguridad de sus ciudadanos y actuar contra los “delincuentes que violan la ley, cortan carreteras, cierran ciudades y aterrorizan a las familias”.
Mientras las autoridades volvieron a acusar a delincuentes y terroristas de la violencia que asuela el país, los grupos opositores denunciaron que el Ejército irrumpió en Deir al Zur (noreste) y Haula (provincia de Homs, en el centro) y bombardeó varias zonas con tanques y artillería pesada.
Un portavoz del grupo opositor Comités de Coordinación Local, Mohamed al Abdalá, explicó que al menos 38 personas fallecieron en Deir el Zur donde las autoridades obligaron a cerrar los hospitales privados, mientras que uno público fue rodeado por las tropas. Esta ciudad “vive una catástrofe”, según Al Abdalá, la electricidad, el agua y las telecomunicaciones están cortadas.