EN ALGUNAS familias cuando un niño nace con discapacidad, la unidad se rompe en mil pedazos, pero en otras se crean lazos de amor indisolubles que posibilitan su integración a la sociedad.
Hasta hace algunos años los niños con discapacidad eran considerados inútiles y se les aparataba de los espacios familiares, escolares, comunitarios y de recreación.
Hoy la realidad es otra, son seres con tanta capacidad que logran superarse y ser casi normales. Así lo afirma Telémaco Díaz, coordinador del área de terapia física del Instituto Nacional de Medicina Física y Rehabilitación.
Señala que existen contadores, estudiantes destacados en las universidades y otros profesionales que han superado sus discapacidades.
Y es que en este centro se les ayuda a su recuperación. La atención y el servicio son de primera, a precios increíbles.
Por 25 centésimos se le practican las terapias y por 50 centésimos lo evalúa un especialista. Sólo en el primer semestre de este año se atendieron 18 mil 500 pacientes. El año pasado fueron más de 35 mil.
Y si usted no tiene recursos, eso no impide que se le atiende. Una evaluación económica bastará para que reciba el servicio.
El instituto es el único centro de rehabilitación en el país. Se espera que con los aportes de la Teletón 2004 se creen cuatro nuevos "Reintegra", en David, Santiago, Colón y Chitré.
Uno de los principales diagnósticos que se atienden en el Instituto Nacional de Medicina Física y Rehabilitación (INMFR), es la parálisis cerebral infantil.
Pese a que es difícil determinar su causa, el director médico de este centro Humberto A. Arrue M, deduce que podría obedecer a la mala alimentación durante el embarazo.
Afirma que ésta causa trastornos neurológicos que se reflejan una vez que nacen sus hijos, pues un 90% de los pacientes que asisten al centro son de escasos recursos.
Otro porcentaje se debe a problemas neurológicos que surgen antes, durante y después del parto cuando se presentan cuadros febriles e infecciosos que hacen que el pequeño convulsione, ocasionando lesiones a nivel cerebral que dañan las funciones de control motor o extremidades del cuerpo.
Díaz explica que la parálisis cerebral se presenta comúnmente a través de ciertos síndromes como Down, problemas biológicos, de marcha, locomoción y del desarrollo motor.
Se detectan en el primer año de vida del niño, cuando son referidos para evaluación fisiátrica y luego pasan a terapia física, que es la parte de rehabilitación.
El instituto atiende personas de cero a 100 años. Si bien el mayor número son niños y jóvenes existe un pequeño grupo de pacientes adultos que inició hace dos años en el centro.
Sostiene que por ejemplo los niños con Síndrome de Down llegan a ser adolescentes muy útiles a la sociedad ya que trabajan y son independientes, pero siempre dentro de un cuidado de los adultos.
Estos niños son atendidos en el centro hasta los cuatro años de edad y luego pasan a los programas educativos del Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE) o la integración en los centros escolares comunes.
En el rendimiento académico presentan cierta deficiencia en comparación con un niño normal, pero se han logrado grandes avances.
Igual, los de parálisis cerebral, entre un 70 y 80%, llegan a ser niños normales a nivel psíquico y cognitivo, pero sus problemas motores hacen que disminuya su capacidad de educación.
En el instituto, generalmente, las terapias se realizan tres veces a la semana como mínimo, dependiendo de las necesidades del paciente.
Además se le trata de enseñar a los padres la importancia de que contribuyan en la rehabilitación, que ayuda en un 30%, pero el resto es responsabilidad de ellos y del niño.
Para evitar estos problemas, aconseja aplicar la medicina preventiva. Si la pareja va a tener un hijo debe hacerlo a una edad adecuada porque algunos de los síndromes se dan porque la mujer está muy joven o muy vieja. También debe tomar en cuenta incompatibilidades porque uno puede tener un gen que al combinarse con el del otro provoca un síndrome.
Actualmente el centro es una organización que presta servicios de alta calidad que compite con los que se ofrecen en los centros cubanos, con la única diferencia que en el instituto los pacientes no se hospitalizan para recibir sus terapias como lo hacen en Cuba.
El costo de cada tratamiento es de 25 centésimos, mientras que en una clínica privada sería de cinco y diez balboas la hora. La consulta con un especialista es de 50 centésimos, que en el sector privado valdría entre B/. 45 a 50 la atención de un fisiatra u ortopeda.