La reina Isabel de Gran Bretaña llegó ayer a Berlín para una visita de estado con la intención de centrarse en los lazos actuales con Alemania, pero que ha despertado viejas controversias por la Segunda Guerra Mundial.
Hay quienes dicen que la monarca debería disculparse por las devastadoras incursiones aéreas en ciudades como Dresden que han iniciado una disputa de palabras entre los diarios sensacionalistas.
Pero la disputa no influyó sobre las multitudes que esperaron para dar la bienvenida a la reina de 78 años, que lució un conjunto verde menta, en su cuarta visita de Estado a Alemania.
Las relaciones entre Gran Bretaña y Alemania se volvieron tensas cuando Londres apoyó el año pasado la guerra de Irak liderada por Estados Unidos a la que Berlín se opuso.
En un nivel más popular, Alemania se ha quejado desde hace tiempo que el pasado nazi aun opaca las percepciones británicas del país.
En una visita a Gran Bretaña del mes pasado, el ministro de Relaciones Exteriores Joschka Fischer señaló que estaba sorprendido por la percepción de los medios británicos de que Alemania era una nación de nazis.
Algunos historiadores alemanes creen que la visita de tres días de la reina Isabel ofrece la oportunidad de reconocer la gran cantidad de víctimas civiles que hubo durante las incursiones aéreas, una sugerencia rechazada con indignación por la prensa popular británica.
El presidente alemán, Horst Koehler, recibió a la reina Isabel y a su esposo, el príncipe Felipe, con todos los honores militares en el palacio Charlottenburg del siglo XVIII, antes de una reunión con el canciller Gerhard Schroeder en el nuevo distrito gubernamental.
La reina desciende de la Casa de Sajonia Coburgo Gotha de Alemania, aunque la familia real dejó de lado el nombre por Windsor en 1917 durante la Primera Guerra Mundial.