Powell, de 67 años, es el segundo peso pesado de la Administración Bush que presenta su dimisión tras las elecciones del 2 de noviembre, después del fiscal general y secretario de Justicia, John Ashcroft, quien lo hizo el pasado miércoles. Ese mismo día también renunció el secretario de Comercio, Don Evans.
El pasado viernes Colin Powell entregó una carta al presidente Bush en la que explicaba las razones de su dimisión pero, seguirá trabajando y mantendrá su agenda hasta que su sucesor esté designado. Su salida del Gobierno no se producirá posiblemente antes de enero.
"Creo que ahora que han pasado las elecciones me ha llegado el momento de dimitir como secretario de Estado y regresar a la vida privada", precisó Powell en su misiva, con fecha del 12 de noviembre.
El todavía secretario de Estado prosigue agradeciendo al presidente el "honor y privilegio" que supuso para él haber encabezado la diplomacia estadounidense y se declara satisfecho de haber formado parte del equipo "que lanzó la Guerra Global contra el Terror, que liberó a los pueblos de Afganistán e Irak".
Entre los nombres que se barajan para ocupar la Secretaría de Estado, uno de los que más suena es el del embajador estadounidense ante el Organismo de las Naciones Unidas, John Danforth, o la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice.
Colin Powell es una de las figuras más populares y moderadas del gobierno de Bush, por lo que desde hace tiempo se hablaba de que estaba marginado por los miembros más conservadores del Ejecutivo, como el vicepresidente Dick Cheney o el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
Pero la credibilidad internacional de Powell se deterioró, después de que se implicara directamente en la justificación de la intervención militar en Irak al presentar ante el Consejo de Seguridad de la ONU una serie de pruebas, que se suponía confirmaban la posesión de Sadam Hussein de un arsenal prohibido, y que más tarde se revelaron dudosas.
Según fuentes del entorno de Powell, una vez que su dimisión sea oficial, se dedicará a escribir libros, a dictar conferencias y a estar más tiempo con su familia.
El sucesor de Powell se encontrará con una inmensa lista de problemas que esperan ser atendidos.
El presidente Bush está utilizando la diplomacia para intentar frenar los programas de armas nucleares de Norcorea y está dispuesto a garantizar que no empleará la fuerza.
En Medio Oriente, la muerte de Yasser Arafat es considerada como una posible oportunidad para que se produzcan avances en las conversaciones de paz.
Además de Powell, también saldrán del Gobierno los secretarios de Energía, Spencer Abraham, de Agricultura, Anne Veneman, y de Educación, Rod Paige.
El "número dos" del departamento de Estado, Richard Armitage, se propone también abandonar sus funciones, dijo ayer un vocero de la Secretaría de Estado.
Ariel Sharon, primer ministro de Israel dijo ayer que la dimisión de Powell, no tendrá ninguna incidencia en las relaciones entre EU e Israel.
La renuncia de Powell no conllevará grandes cambios en la política exterior de EU, opinó ayer Serguéi Karagánov, presidente del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia, órgano consultivo adjunto al Kremlin.
El canciller británico Jack Straw, dijo que el general retirado había cumplido con una transición, de ser un gran soldado a fungir como un gran hombre de Estado y diplomático"".
El secretario general de la Liga Arabe, Amr Moussa, expresó que Powell era una voz "moderada" en el gobierno de Bush y trabajó en una forma que todos nosotros respetamos.