El estigma, las reducciones salariales y el riesgo de quedar expuestos a la radiación son algunos de los motivos por los que 3,000 empleados han renunciado a trabajar en la planta de Fukushima que en 2011 fue escenario del peor desastre nuclear de Japón.
A eso se suma otro factor: empleos con mejor paga en la industria de la energía solar, de mejor imagen. El éxodo, que ha reducido el personal a unos 35,700 trabajadores, se suma a los desafíos de los trabajos en la planta para mantener los reactores bajo control.