Las autoridades del estado brasileño de Rondonia trataban ayer de poner fin mediante la negociación a un sangriento motín carcelario, en el cual murieron al menos seis reos en choques entre bandas rivales, algunos decapitados.
Unos 850 reos del penal Urso Branco, ubicado en Porto Velho, capital del estado, se amotinaron el domingo tras la hora de visita exigiendo el cambio del director de la prisión y diversas mejoras en sus condiciones de encarcelamiento.
El gobierno de Rondonia aceptó el reemplazo del director de la cárcel, Luiz Rodrigues, y otras reivindicaciones de los presos, que denunciaron como excesivamente duras las condiciones dentro del penal.
El director de la prisión dijo que luego de los asesinatos de compañeros un grupo de reos arrojó partes de sus cuerpos desde el muro de la cárcel. Dos fueron decapitados y sus cabezas exhibidas, agregó.