El consumo de energía de los primates pequeños, como los simios, es similar al del acto de caminar, lo que explicaría la ventaja que permitió a esos ancestros biológicos del ser humano moderno instalar su hábitat en los árboles hace 65 millones de años.
Un informe publicado por la revista Science, ese consumo similar de energía fue constatado en cinco especies diferentes de primates cuando trepaban un árbol y se desplazaban sobre una cinta de correr.
Las especies que pesan más de un kilogramo tienen más aliciente al caminar que al trepar.