El abogado francés Jacques Verges, que se hará cargo de la defensa de Sadam Hussein, quiere lograr que comparezcan en el juicio del ex dictador iraquí el titular de Defensa norteamericano Donald Rumsfeld y el ex secretario de Estado Henry Kissinger.
Conocido por su afán provocador, Verges, de 80 años, es el letrado que ostenta el récord de las causas indefendibles, que van desde el terrorista internacional venezolano Carlos hasta el ex jefe de la Gestapo Klaus Barbie, pasando por el ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic.
Verges, que ignora ante qué instancia -tribunal iraquí, estadounidense o penal internacional- defenderá a Sadam Hussein, calificó ayer a Rumsfeld de "viajante vendedor de toxinas y elementos químicos" destinados a las armas de destrucción masiva (ADM) en Irak.
También afirmó que tenía transcripciones de las entrevistas que mantuvo Kissinger con autoridades iraquíes para "reanudar el contacto tras un momento de interrupción".
Al preguntarle por las masacres imputadas a Hussein, Verges aseguró que "el mayor número de civiles muertos se debe al embargo internacional impuesto a Irak".
Hace dos años Maritza le manifestó a sus hijos que se le dificultaba ver de noche cuando conducía. Anteriormente, se había operado de terillo y usaba lentes, por lo que no le dieron mayor importancia.
A principios de este año comenzó a sufrir esporádicos dolores de cabeza, sobre todo en horas de la madrugada. Sus hijos atribuían esos dolores a que ella constantemente tenía que estar trabajando con muchos números, a la tensión y la utilización de lentes automedicados.
El problema iniciaría el viernes 6 de febrero, cuando en el transcurso del día pierde la vista momentáneamente, según le comentó a su hijo Noel, en una conversación que sostuvieron ese mismo día a las 6:15 de la noche.
A la 1:00 p.m., luego del incidente acudió a una clínica oftalmológica privada, en donde se le hicieron diferentes pruebas con varios lentes de diferentes grados.
El médico le diagnosticó que padecía de glaucoma y quedaría ciega. En medio de la conversación con su hijo y teniendo en su mente otra experiencia traumática en la que se le diagnosticó por error un cáncer en el estómago cuando sólo era piedra en la vesícula, Maritza empieza a convulsionar, vomita y pierde el conocimiento.
Inmediatamente, en medio del apuro, Noel con la ayuda de un amigo, corre con su madre a urgencias de la Policlínica de Pedregal. Allí el trato, según dijo no fue el mejor. Por la desesperación Noel no llevó el carné del Seguro y por lo tanto se le advirtió que su madre no sería atendida.
Una hora más tarde y luego de buscar afanadamente por varios hospitales, sus hermanas logran ubicarle, su madre yacía amarrada a una camilla en la espera y sólo se le había administrado un sedante.
Posteriormente, llegaría la ambulancia que la trasladaría a la Especializada de la Caja de Seguro Social, lo que para ellos fue otro trauma.
Al ver a su madre en tal estado, los hermanos Martínez Céspedes solicitan que uno de ellos viaje en la ambulancia, algo que se les negó al principio, pero que gracias a su perseverancia logran obtener.
Evelyn acompañó a su madre, en una ambulancia en la que además de ellas iba una madre con su pequeño hijo y un señor con un dedo fracturado, así como el conductor y el que llevaba los expedientes, pero ningún personal médico.
Mientras ella trataba que el movimiento de la ambulancia no hiciera que la camilla de su madre perdiera el control, el señor con la mano sana trataba de ayudarla hasta que llegaron a su destino, eran las 10:30 p.m. y todavía no se sabía qué le había pasado a Maritza.
En la madrugada del siguiente día, a eso de las 4:00 a.m. se le hace una prueba de CAT. A las 7:00 a.m. estaban en la espera del doctor y se les informó que su madre había sufrido una hemorragia cerebral, un sangrado a causa de un aneurisma y que lo más probable era que se volviera a repetir.
A las 11:00 a.m., de ese mismo sábado 7 de febrero, es que sale la orden para que la ingresen al quinto piso, en la sala de neurocirugía, pero en ese ínterin en urgencias, su otra hija Sheyla tuvo que moverla varias veces de donde estaba, porque a la administración del hospital se les ocurrió comenzar a abrir huecos en la pared en medio de los pacientes que esperaban afanosamente ser atendidos.
Sheyla llega con su madre a la sala de neurocirugía semi-intensivo, allí una enfermera le indica que tenían que regresar a urgencias porque no había llegado el aviso para darle ingreso. Ya dentro del ascensor otra enfermera se le acerca para decirle que harían un espacio para su madre.
Maritza logra reaccionar, pero sigue con fuertes dolores de cabeza y sin poder ver, sólo sombras. Al principio sólo se le administraba acetaminofen y posteriormente medicamentos por intravenosa que controlaron sus dolores.
Entre el lunes 10 y martes 11 de febrero, recuerdan, su madre estaba clara y comenzó a contar que sólo se recordaba de la conversación que había sostenido con Noel. Ese mismo lunes el doctor le informó a sus hijos que lo que tenía Maritza era muy grave y se tendría que embolizar. Le dijo que había que realizarse antes un examen de arteriografía, que escapaba de sus manos, porque el aparato de cineangio del Complejo estaba dañado y el examen costaba unos B/. 15 mil.
Posteriormente, investigan en una clínica privada para hacerlo, allí les informan que sin un diagnóstico médico no podían darle el precio. Solicitan ese diagnóstico y recibieron negativas.
Por fortuna el proceso para la aprobación de la arteriografía fue rápido, duró sólo tres días en los que tuvieron que subir y bajar escaleras y ayudarse con contactos que agilizaron todo.
El martes 10 de febrero se les informa que la aprobación había sido recibida por la enfermera del laboratorio de neurocirugía, pero había un problema, otros pacientes estaban antes que Maritza y había que programarlos.
Para los hermanos Martínez Céspedes era fundamental que el examen se le hiciera a su madre antes de carnaval, pero no había cupo.
El 25 de febrero, miércoles de ceniza, a eso de las 8:30 a.m. Maritza Céspedes cae en coma. El día anterior sus hijos la habían dejado tranquila, comía e incluso se sentaba para que la limpiaran, ellos pensaron cuando fueron avisados que a su madre le harían por fin el examen.
Se les había dicho que probablemente entre el 1 y 5 de marzo se le realizaría la arteriografía, pero en la semana del 16 de febrero, en los pasillos la misma Maritza escucharía y le transmitiría a sus hijos que se le practicaría el 27 de febrero, precisamente el día en que falleció.
"Nadie te dice nada, la información que teníamos prácticamente se la sacábamos a las enfermeras y doctores, incluso llegamos a llevarles comida a las mises para ganarnos su confianza y que nos permitieran estar con ella", sostiene Evelyn.
Su madre se quejaba de constantes dolores de cabeza, principalmente en horas de la noche. En muchos casos no podía dormir porque nunca apagaban la luz en la sala, el televisor constantemente estaba encendido. En varias ocasiones cuando la fueron a visitar la encontraban con las uñas sucias, porque cuando quería hacer sus necesidades las enfermeras solo le pasaban una paleta para que ella se aseara a pesar de que ya no veía bien.
"Le recordaba a las enfermeras cuando le tocaban las medicinas", dice Noel. Incluso, sabiendo ella que sus dolores se agudizaban en horas de la madrugada y no en el día, los medicamentos que se le administraban los guardaba para tomárselos a esa hora, recuerdan que les dijo.
"Mi madre nos dijo que aguantaba las ganas de orinar hasta que alguno de nosotros llegara, porque si le pedía a una enfermera que la ayudaran, ellas se molestaban", destacó Sheyla.
Para los hijos de Maritza algo les ha quedado claro con la muerte de su madre, "el que entra en semi-intensivos de neurocirugía no sale vivo", de echo recuerdan que con su madre entraron dos pacientes que fallecieron antes que ella.
Noel todavía no se explica cómo si se daba un cupo por día, y al inicio había tres pacientes antes que su madre y luego ocho; su progenitora tuvo 22 días, cuando se suponía que a esos casos ya se les había dado curso. "Las matemáticas no cuadran en la CSS", dijo Noel al tiempo que se interrogó ¿qué probabilidades de vida hay en esas matemáticas, porque nunca concuerdan?
Noel, Sheyla y Evelyn saben que con exponer su caso a la luz pública no revivirán a su madre, pero sí alertarán a muchos de las cosas que están sucediendo y de alguna forma les hace sentirse menos impotentes ante el dolor de perder a su madre. Este caso ellos lo expusieron el 5 de marzo, cuando se decidieron a repartir por diversos pisos y en la entrada del Complejo Hospitalario Metropolitano una nota a la que titularon "Un cupo para vivir", algo que le valió el que fueran expulsados por la seguridad de la institución de los predios del edificio, porque según les dijeron no estaban autorizados para repartir esos volantes.
Maritza Céspedes murió el viernes 27 de febrero a las 12:30 del mediodía, aunque estuvo 22 días esperando por un examen que nunca llegó, su cuerpo sólo podía permanecer en semi-intensivos una hora o sería llevada a la morgue, en donde por ser fin de semana, quedaría hasta el lunes 1 de marzo. Sus hijos agilizaron todo, subieron y bajaron varias veces escaleras para que el cuerpo de su madre les fuera entregado de inmediato.
Esto caso evidencia que el problema de la CSS tiene más que aspectos de mala administración o de incluso corrupción, el problema de fondo es los cientos de asegurados y beneficiados que no pueden tener un servicio digno por el cual están pagando y por no tenerlo, pierden su vida.
El cineangiógrafo del Complejo Hospitalario Metropolitano estuvo dañado por espacio de 14 meses. Hace tan sólo dos semanas se reparó, pero según nos informara una fuente que pidió reserva de su nombre, se le hicieron pruebas de aceptación y no daba los parámetros requeridos, por lo que no se está usando.
Cabe señalar que un estudio de rayos X en un cineangiógrafo puede costas aproximadamente B/. 1,000.