Rusia subordinó ayer la solidez de sus relaciones con la OTAN a la entrega por el Reino Unido del dirigente chechén Ajmed Zakáyev, quien dijo que él mismo preparó su detención en Londres para atraer la atención sobre la guerra en Chechenia.
El conflicto en esa república rusa del Cáucaso se ha convertido otra vez en un molesto punto de fricción entre Rusia y Occidente, que frena los encarecidos esfuerzos de Londres para limar las suspicacias aún guardadas por Moscú sobre la OTAN.
Si la ampliación de la Alianza Atlántica impulsada en noviembre pasado en Praga no dañó esa nueva relación de amistad, la guerra chechena sí podría convertirse en el escollo insalvable entre Moscú y Bruselas, lastrados por sus diferentes conceptos de lucha antiterrorista.
Zakáyev, emisario de Aslán Masjádov, el presidente chechén proscrito por el Kremlin, fue detenido al llegar desde Copenhague al aeropuerto de Heathrow, en Londres, donde pidió asilo político y finalmente fue puesto en libertad bajo fianza.