Rusia imprimió ayer un perceptible cambio de rumbo a su política respecto a Irán a instancias de Estados Unidos, pero pidió a Washington que no utilice el programa nuclear iraní para tratar de imponer su control energético en Oriente Medio.
El presidente ruso, Vladimir Putin, marcó ayer el cambio de rumbo de Moscú cuando, tras reunirse con sus colegas del G8, dijo que su país seguirá cooperando con Irán pero bajo estricto control de la legislación internacional.
A continuación instó a Irán a poner sus programas nucleares "bajo control" de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). Rusia confía en que "Irán despeje las preocupaciones que existen sobre su programa nuclear en el curso de la reunión el 16 de junio del Consejo de directores del AIEA", dijo Putin.
Añadió que "la cooperación de Rusia e Irán en el terreno de la energía atómica se corresponde plenamente con el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP)".
Pero manifestó su apoyo a la declaración del G8, que destacó "las implicaciones de proliferación del programa nuclear avanzado" iraní y exigió a Teherán que cumpla sus obligaciones dentro del TNP y, "sin demora ni condiciones, suscriba y aplique el protocolo sobre controles del AIEA".
Este Protocolo Adicional autorizaría a la AIEA a inspeccionar los centros nucleares iraníes en cualquier momento y sin necesidad de avisar con antelación al Gobierno de Teherán.
El régimen iraní señaló ayer que firmará tal Protocolo "cuando las actuales limitaciones y embargos que pesan sobre Irán sean levantados" y cuando tenga seguridad de que firmar otro acuerdo "no supondrá más restricciones".
Un portavoz del ministerio de Energía Atómica ruso decía poco después que Moscú "comprendía" el recelo de Irán a firmar el Protocolo de control de la AIEA (pues otros países tampoco lo han firmado) y subrayaba que tal actitud no suponía una violación de los compromisos iraníes.