El presidente iraquí, Sadam Hussein ha multiplicado desde el jueves los gestos de buena voluntad, movido tal vez por las firmes exigencias de la comunidad internacional, y ayer pidió disculpas a Kuwait por la invasión de 1990, declaración que el país afectado rechazó inmediatamente.
Con pocas horas de diferencia, el líder iraquí pidió disculpas a Kuwait, país que las tropas de Bagdad invadieron en 1990, y presentó una declaración sobre su arsenal, tal y como exigía la ONU. Ya el jueves, Hussein admitió que la comisión de la ONU encargada de comprobar si Irak tiene armas de destrucción masiva le dará la oportunidad de demostrar su buena fe. Si se tiene en cuenta que el dirigente no es conocido especialmente por su carácter conciliador, su actitud da a entender que ha percibido que esta vez la comunidad internacional no está dispuesta a ceder.
El Ejército iraquí invadió Kuwait el 2 de agosto de 1990 y la ocupó durante siete meses antes de ser expulsado a finales de febrero de 1991 por una coalición internacional liderada por EU. Desde aquella invasión, Irak es objeto de un embargo impuesto por la ONU.
Hussein se disculpó ante Kuwait pero acusó a sus dirigentes de ser cómplices de estadounidenses y británicos en su campaña contra Irak. Acusó a Kuwait de haber robado el petróleo iraquí de los campos fronterizos y de haber inundado el mercado de crudo para bajar los precios.