El eventual uso de armas de destrucción masiva por parte del régimen de Sadam Hussein contra las tropas británico-estadounidenses o civiles iraquíes constituye la única incertidumbre de esta guerra, estimaron ayer expertos.
La administración Bush y muchos expertos militares privados, persuadidos de que el régimen iraquí dispone todavía de tales armas, juzga plausible la posibilidad de que Saddam, acorralado por las fuerzas invasoras, juegue así su última carta.
El presidente estadounidense George W. Bush y su secretario de Defensa Donald Rumsfeld multiplicaron en los últimos días sus advertencias a los oficiales iraquíes, amenazándolos con enjuiciarlos por crímenes contra la humanidad si obedecen órdenes en ese sentido.
"Si Sadam Hussein tiene todavía armas de destrucción masiva y los vectores para lanzarlas, esperará hasta el final para utilizarlas", estima Charles Pena, del CATO Institute, un instituto liberal de investigación de Washington. Según él, esas armas no serían "muy eficaces" contra tropas estadounidenses bien equipadas en pleno desierto.
Dado que Sadam "no se preocupa de la población, podría no dudar en recurrir a esas armas en Bagdad para crear una enorme crisis humanitaria", agregó Pena. "Sabiendo que de todos modos va a morir e indiferente a la suerte de su pueblo, no tendría nada que perder utilizando esas tácticas", estimó el investigador.