No les estamos pidiendo que sacrifique su vida y la entregue por el planeta. Le pedimos acciones concretas, sencillas que pueden marcar la diferencia para que heredemos a las generaciones futuras un lugar cómodo para vivir.
Nosotros, un grupo de reporteros jóvenes y preocupados, aprendimos que las pequeñas cosas marcan la diferencia y si así como los niños de los campos están haciendo algo, todos juntos podemos replicar estas buenas acciones en la ciudad, o sea cual sea el lugar donde vivamos.
Fue sencillo. Y lo mágico fue que la orientación llegó en el momento que la necesitábamos.
No hay que hacer una gran inversión, porque hasta el remedio es gratuito: "sólo basta un poco de agua, tierra, sol y semillas", nos recalcaba un sencillo hombre que durante 34 años se ha dedicado a inculcarle a los niños, jóvenes y adultos del interior de la República que todos somos guardianes de la Tierra y podemos protegerla.
El es Jorge Matsufuji, ese mismo señor de pequeña estatura, que nos ha compartido el gran amor que siente hacia los guayacanes y otras especies de árboles que han llamado su atención por el colorido y vistosidad, por lo que ha emprendido a través de la Fundación ShinMatsu, que así como somos parte del problema, también somos la solución.
Todo nos acompañó y el clima fue perfecto. Las semillas caían como gotas de agua del enorme árbol de roble que durante esta temporada nos obsequió sus bellas flores rosa a quienes trabajamos en Editora Panamá América . Hasta el agua cayó del cielo para bendecir lo que hacíamos, porque la Tierra y el Sol sólo esperaban a que nuestras manos se unieran y sembraran los árboles que en otras latitudes están desapareciendo y colocando en un futuro incierto nuestra subsistencia frente al cambio climático.
Con el señor Matsufuji, Isidro, Yaniseth, Deivis, Ligia y mi persona, recogimos cuidadosamente cada semilla, que luego sembramos en un recipiente especial.
Desde ese día hasta hoy la emoción crece así como los pequeños árboles que han germinado de las semillas que a diario regamos.
Esta es una tarea que el "Club de Amigos de la Tierra" realiza año a tras año y además de inculcar el amor a la Tierra orienta a los niños sobre cómo combatir la pobreza, que deben alejarse de las drogas, que hay que proteger el ambiente y que hay que estudiar y hacer deporte.
Estos son los consejos que Matsufuji ha transmitido frente a lo que él ha llamado un gran "irrespeto al ambiente, ya que se hacen carreteras y nadie se preocupa por reforestar en las zonas donde los árboles se han perdido".
No sólo Matsufuji está preocupado, yo también lo estoy porque nuestras actividades están alterando el delicado equilibrio químico que hay entre la Tierra y la atmósfera, un equilibrio que es necesario para mantener las condiciones adecuadas para el desarrollo de las diversas formas vivientes, de las cuales ya hay extensos reportes sobre el peligro que atraviesan.
Un ejemplo, es cómo en la selva Amazónica se talan 300 mil hectáreas de árboles al año, destruyendo así el pulmón de nuestro planeta. ¿Qué hacemos para salvar el planeta? ¿Qué quiere heredarle usted a sus hijos? ¡Reaccione!
¡Salvemos al planeta!
No hay que hacer una gran inversión, porque hasta el remedio es gratuito: "sólo basta un poco de agua, tierra, sol y semillas".