El presidente colombiano Juan Manuel Santos cumple hoy su primer año de Gobierno con alta popularidad y una óptima valoración de los analistas, que aplauden sus logros en política interior y exterior, pero alertan de retos pendientes en el combate a la pobreza, desempleo y conflicto armado.
En los primeros pasos de su gestión, sorprendentemente Santos se desmarcó de la senda definida por su antecesor, el ultraconservador Álvaro Uribe (2002-2010) y de quien fue ministro de Defensa.
Sin embargo, "en estos primeros doce meses Santos ha impulsado una serie de temas que han resultado sorpresivos para la mayoría de los colombianos y que constituyen pasos muy importantes para Colombia en el contexto internacional", dijo Elizabeth Ungar, analista y politóloga de la Universidad de Los Andes.
Para Ungar, uno de los mayores avances es haber entablado unas "relaciones internacionales multipolares y basadas en el respeto de las normas básicas de convivencia del Derecho" que dejan atrás las tensiones con vecinos como Venezuela, Ecuador y Bolivia, y superan el protagonismo de Estados Unidos en la agenda diplomática.
De fronteras hacia adentro, el presidente Santos ha conseguido "sacar al país de la polarización en el plano político y restablecer las normas del juego institucional" con la persecución de la corrupción, destacó el analista político Pedro Medellín.
Como fruto de la lucha contra la corrupción se intervinieron el ente que administra los bienes decomisados a los narcotraficantes y el que gestiona la lucha antisecuestro, y quedaron destapados escándalos que ya tienen consecuencias judiciales.
Tal es el caso de la contratación irregular de obras públicas, particularmente en Bogotá, el "recobro" irregular de servicios de salud y la infiltración de una red de defraudadores en la administración tributaria.
Además, Santos ha aportado equilibrio a las relaciones entre los poderes Ejecutivo y Judicial, muy convulsas en administraciones pasadas y que, según Medellín, están ahora fundamentadas en el respeto mutuo y "en los valores democráticos".
Es algo intangible como la armonía y "el talante que busca llegar a consensos, que escucha y reconoce al contrario" lo que, a juicio de Ungar, "marca una gran diferencia y facilita la interacción e interlocución entre el Gobierno, las instituciones del Estado y la ciudadanía".
Esa actitud, unida a un planteamiento "sincero y democrático" en materia de Derechos Humanos es lo que ha derivado en el reconocimiento de que el conflicto armado persiste en Colombia y que durante más de cuarenta años se ha perpetrado un "despojo salvaje de tierras", en palabras del director de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento Codhes, Marcos Romero.
Otro desafío es disminuir los alarmantes índices de inequidad y pobreza.