Las autoridades brasileñas han lanzado una ambiciosa operación contra el tráfico de drogas en el centro de São Paulo, donde la venta y el consumo de crack a pie de calle condenan a la inseguridad y al constante deterioro del casco histórico de la ciudad.
Conocida popularmente como “Cracolandia”, el área tiene un perímetro difuso y se extiende por varias calles de los barrios de Santa Cecilia, Bom Retiro y República, todos ellos ubicados en el distrito centro de São Paulo. En esa zona, los adictos al crack ocupan edificios abandonados, levantan chabolas o tugurios cerca de edificios emblemáticos como la terminal de tren Julio Prestes o la Estación Pinacoteca, espacio de arte contemporáneo que ocupa una antigua sede del Departamento de Orden Política y Social, el organismo de represión del régimen militar brasileño (1964-1985).

El dispositivo se inició el 3 de enero y no tiene fecha de cierre.
La Policía Militar, en coordinación con las autoridades municipales y regionales de São Paulo, ha desplegado 100 efectivos que patrullan las calles 24 horas al día e interrogan, identifican y registran a sospechosos de tráfico de estupefacientes.



